La entrada de la banca extranjera en América Latina en la década de los 90 "no tuvo el efecto esperado", aseguraron los autores de un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el que pidieron espacio para la banca pública.
"La banca extranjera ayudó a traer nuevas tecnologías, ayudó a aumentar la competencia e introdujo eficiencia en los sistemas", aseguró el economista colombiano Eduardo Lora, al presentar el informe del BID titulado "Desencadenar el crédito: cómo ampliar y estabilizar la banca?".
"En las otras cosas, no se ve el efecto que uno hubiera esperado", agregó, precisando que se trataba de "una de las lecciones importantes" del documento, "de la cual deducimos que hay necesidad de otro tipo de banco y, por eso, le abrimos el espacio a la banca pública".
Según su colega Arturo Galindo, "la banca extranjera ha contribuido a mejorar la eficencia de la intermediación bancaria", el margen entre las tasas de los préstamos y las tasas de los depósitos.
Sin embargo, "la entrada de la banca extranjera no ha favorecido necesariamente el acceso a crédito por parte de algunos sectores", como las pequeñas y medianas empresas, aseguró el economista.
Desde su punto de vista, los bancos estadounidenses y europeos tuvieron una actitud diferente en la región.
"La banca proveniente de Norteamérica, predominantemente se ha centrado más en atender las necesidades de grandes clientes, mientras la banca española que se ha enfocado en otro tipo de créditos por ejemplo créditos para la pequeña y mediana empresa y créditos de vivienda", afirmó Galindo.
Según el documento, los bancos españoles son los mayores prestamistas en América Latina, "con aproximadamente un tercio del total".Entre estos el Santander Central Hispano y BBVA.