El Banco Espírito Santo (BES) continúa en medio de la tormenta por las dudas sobre el verdadero estado en el que están las finanzas del grupo al que pertenece, pese a los intentos de las autoridades portuguesas por dar garantías de su solvencia y alejarlo del epicentro de la tempestad.
La preocupación en Portugal es máxima debido a la importancia de la entidad, una de las patas sobre las que descansa todo el país a nivel económico y financiero e íntimamente ligada con otras compañías lusas de peso.
Sistémico. Así califican al BES diferentes analistas internacionales y agencias de calificación de riesgo, que recuerdan que Lisboa cerró su rescate hace apenas dos meses y las señales de recuperación todavía son frágiles.
Es actualmente el mayor banco privado de Portugal en volumen de activos, equivalentes a 112 millones 14 mil 77 dólares, tiene una plantilla total superior a los 10,000 empleados y 14 divisiones, con filiales especializadas en inversión y presencia en Angola, Brasil, Cabo Verde, Estados Unidos, Francia, Islas Caimán, Italia, España, Libia, Macao y Mozambique.