Brasil será una de las plataformas en las que el organismo financiero planea poner en práctica esa estrategia más "centrada", dijo John Briscoe, director en ese país latinoamericano del BM.
La nueva visión del organismo financiero coincide con los intereses del Gobierno brasileño, según fuentes familiarizadas con la situación, que apuntan que el equipo del presidente Luis Inácio Lula da Silva ve al Banco como una institución "de nicho".
El BM, que cuando vio la luz a finales de la II Guerra Mundial estaba entre los siete mayores bancos del mundo, no aparece ahora ni siquiera entre los cien más grandes.
"El Banco tiene un gran nombre y un gran título, pero al final no deja de ser un banco pequeño", destacó Briscoe, quien cree que ante ese panorama las aspiraciones de la entidad deberían ajustarse "a la realidad de lo que puedes hacer".
Lo que quiere Brasilia es el respaldo financiero y asesoramiento del Banco en programas energéticos interregionales, así como en el desarrollo de mejores redes de transporte, tanto dentro de las ciudades, como entre los distintos centros urbanos.
La actual estricta política fiscal del país, que comenzó a aplicarse con fuerza a partir de 1999, y que persigue disminuir el endémico endeudamiento público, ha reducido los fondos gubernamentales disponibles para la construcción de carreteras y otros proyectos de ingeniería, lo que ha provocado protestas entre los hombres de negocios.
Briscoe resaltó que pese a la eficiencia agrícola brasileña, el país pierde competitividad al asumir grandes costos en la distribución de los bienes por el mal estado de las redes viarias.
Brasil busca también que el organismo multilateral le ayude a reforzar su liderazgo en áreas como las energías renovables y los combustibles ecológicos.
Entre las medidas para conseguir ese objetivo figuraría la transferencia de tecnología a terceros países o regiones, como Africa, China o India.
Unas mejores infraestructuras redundarían, según el Banco, en mayor crecimiento, condición que en opinión de los responsables brasileños resulta clave para reducir la pobreza y la desigualdad, tanto de clases como de estados, que prevalece en el país.
Brasil ha sido definido en más de una ocasión como una mezcla entre Bélgica, en los estados del sur; Pakistán, en el noreste, y el Congo, en la región del Amazonas.
Una apuesta decidida por esta línea de actuación supondría un alejamiento de la política imperante durante los 10 años de mandato del ex presidente James Wolfensohn, que dejó su puesto a finales de mayo para dar paso al nuevo dirigente de la entidad, el ex número dos del Pentágono Paul Wolfowitz.
El giro de timón podría experimentar, de todos modos, cierta resistencia en un organismo con casi tantas visiones de futuro como miembros: un total de 184.
En un lado de la balanza están los que creen que el Banco debería dejar de ayudar a países de ingresos medios y asistir a las naciones más míseras del planeta, como las que integran la región del Africa subsahariana.
Otros consideran que ambos procesos son compatibles y unos terceros que el Banco debería funcionar como una cooperativa que responde a las demandas de cada uno de sus socios.
Entre los que han expresado su opinión con mayor rotundidad recientemente figura Desmond Lachman, miembro del centro de estudios con sede en Washington American Enterprise Institute.
Lachman señaló en un artículo de opinión publicado a principios de noviembre en el diario "Financial Times" que Wolfowitz y el Banco Mundial deberían dejar de pontificar sobre la liberalización comercial y centrarse en los que verdaderamente lo necesitan, como los países del Africa subsahariana.
El debate de qué camino tomar es uno de los temas presentes en la gira de seis días que Wolfowitz realiza por Brasil, su primera visita oficial a Latinoamérica.
Wolfowitz destacó el progreso de Brasil "a la hora de estabilizar su economía mediante el control fiscal, que genera grandes ventajas para muchos, incluidos los pobres".
Las energías renovables y los carburantes biológicos, un sector por el que Brasil ha hecho una fuerte apuesta, ocuparon buena parte de la primera reunión oficial en Brasilia del presidente brasileño, Luis Inácio Lula da Silva, y el titular del Banco Mundial, Paul Wolfowitz.
Durante la última parte de su gira se reunirá con beneficiarios del programa gubernamental de ayuda para pobres conocido como "Bolsa Familia", que atiende a más de diez millones de familias, así como con el ministro de Agricultura, Roberto Rodrigues.