El presidente uruguayo Jorge Batlle prometió ayer que en 2003 continuará "empecinadamente en la tarea de cumplir con las obligaciones internacionales, bajar el gasto público, impulsar las reformas estructurales e insertar a Uruguay en el mundo".
El jefe de Estado argumentó ante un auditorio empresarial que de esa forma intentará contribuir a que Uruguay "que fue en el pasado un país de vanguardia lo vuelva a ser".
"Ese es nuestro compromiso", enfatizó en una alocución de cerca de una hora, y para cumplirlo aseguró que confía "en el pueblo de este país, en su sabiduría y en su sensatez".
Uruguay cierra 2002 en plena debacle social y económica, en recorrido similar al trazado por Argentina, con una caída de producción próxima al 10%, inflación y devaluación disparadas, deuda duplicada, desempleo de 19.2% y 200,000 personas en asentamientos marginales.