El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) predice una disminución de la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) de América Latina y el Caribe en torno al 3,5% para el 2001, en comparación con más del 4% en el 2000.
La caída del PIB toma principalmente en cuenta la desaceleración de la economía de Estados Unidos, cliente principal de las exportaciones de la región, indica el informe anual del BID, distribuído este lunes en Santiago al comenzar la 42ma asamblea anual del banco.
Adicionalmente, reina preocupación por los efectos negativos que los mercados financieros internacionales podrían sufrir en caso de un frenazo más marcado de la economía estadounidense, o de la continuación del desplome de los mercados bursátiles, dice el documento.
Las entradas netas de capital privado, que pasaron de 51.000 millones de dólares en 1999 a 67.000 millones en el 2000, cubrieron plenamente el déficit regional de cuenta corriente y permitieron un aumento de las reservas.
Pero las corrientes de capital se dirigieron principalmente a Brasil y México, que recibieron cerca del 70% de las inversiones directas y prácticamente todas las inversiones de cartera de la región.
Las exportaciones crecieron a un nivel sin precedentes de más del 20% en el 2000, y las intrarregionales crecieron aún más, el 26%, en relación con 1999.
El informe subraya que los gobiernos de la región reconocen cada vez más la capacidad limitante actual de la infraestructura de transporte, energía y telecomunicaciones, y la importancia de integrar los sistemas nacionales a fin de preservar el impulso de la integración de mercados y la mayor competitividad a nivel mundial.
No obstante, los préstamos del BID para infraestructura física bajaron a 871,6 millones de dólares en 2000, equivalentes al 8,3% del total de los préstamos, en comparación con un nivel histórico de 15,4% en energía y 12,0% en transporte y comunicaciones.
Los préstamos del BID sumaron 5.266 millones de dólares el año pasado, contra 9.486 millones en 1999, aunque casi la mitad de las operaciones de 1999 fueron préstamos de emergencia dirigidos a paliar los efectos de la crisis.
Un 42% de los préstamos, 2.200 millones de dólares, fueron para inversiones en el sector social, de los cuales 145 millones para saneamiento, 685 para desarrollo urbano, 142 para medio ambiente y 271 millones para educación.
El 36% de los préstamos, un total de 1.885 millones de dólares, fueron aprobados para programas de reforma y modernización del Estado.
En cambio, sólo 610 millones de dólares fueron aprobados para programas de los sectores productivos, incluyendo 165 millones para agricultura y pesca, 311 millones para industria, minería y turismo, y 133 millones para ciencia y tecnología.