"Nadie lo dirá en público, pero en Wall Street los corredores de bolsa se están tirando de los cabellos por lo que está sucediendo en la Argentina," confió un alto funcionario que sigue de cerca los acontecimientos en ese atormentado país.
El funcionario y otras fuentes del mundo de las finanzas, así como varios diplomáticos acreditados ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) expertos en asuntos sudamericanos, temen que la primera consecuencia para Argentina y las empresas con una fuerte relación con el país, tras la suspensión de pagos de deuda externa, sea la pérdida de credibilidad.
"Esto puede dañar la confianza hacia toda la región," declaro un diplomático al enviado de El Panamá América, a la vez que reconoció que aparentemente hasta el momento los flujos de inversión hacia países vecinos como Brasil, Chile y Uruguay no han sido afectados.
TEMOR ANTE LA ANARQUIA
El principal temor en estos círculos es que el plan económico del presidente provisional Adolfo Rodríguez Saá no de resultados y que el país caiga en un estado de anarquía.
La consigna emitida ayer por el presidente peronista de cómo su gobierno piensa avalar la nueva moneda argentina con los bienes del Estado no fue muy reconfortante para los inversores extranjeros.
"Los edificios del Congreso, la Casa Rosada, todas nuestras embajadas en el mundo, serán la garantía de la nueva moneda", pronunció Rodríguez Saá, sin destacar que el país está endeudado por el valor en exceso de 550 mil millones de dólares.
La tercera moneda que se dispone a poner en circulación el nuevo gobierno flotará ante el peso y el dólar, que cotizan uno a uno en virtud de la ley de convertibilidad.
La flotación pronostica un papel devaluado desde su entrada en vigor el mes próximo. El recién nombrado presidente del Banco Nación, David Expósito, uno de los ideólogos de la nueva moneda, estima en 15,000 millones el monto de la emisión inicial de argentinos, que se hará efectiva mediante un decreto presidencial.