Si Michael Milken sintiera nostalgias de los viejos tiempos de compras hostiles y apalancadas de empresas, podría considerar ir a Tokio. Los bonos basura han adquirido repentina importancia en Japón.
Como las acciones japonesas están en sus menores niveles de dos décadas, y el rendimiento de los bonos del gobierno a 10 años se sitúan muy por debajo de 1%, los inversores están buscando rentabilidades más altas... y más riesgosas. Eso está originando un considerable aumento en la emisión de bonos basura y la segunda economía del mundo podría salir beneficiada por ello.
Marubeni Corp., Taisei Corp., Kobe Steel Ltd. y otras dos empresas vendieron bonos basura por 85,000 millones de yenes ($716 millones) en abril, el triple de lo que recaudaron un año antes al aprovechar la demanda de los inversores por mayores rentabilidades. Se vendieron bonos basura por unos 177,000 millones de yenes en los cuatro meses concluidos a fin de abril, contra ventas por 114,000 millones de yenes un año antes.
Eso podría no parecer mucho comparándolo con los enormes mercados de alta rentabilidad de Estados Unidos y Europa, pero representa un importante salto en las emisiones japonesas. Y es una buena noticia.
Las empresas están atravesando desesperantes dificultades para recaudar capital. Los bancos ya tienen demasiados créditos incobrables en sus libros y cerraron la canilla. Las firmas con calificaciones más riesgosas tropiezan con obstáculos en el mercado de bonos. Un activo mercado de deuda más riesgosa podría ofrecer una alternativa para que las compañías hambrientas de capital puedan juntar fondos.
Si se los usa para financiar compras apalancadas, los bonos basura podrían aportar un nuevo medio para reestructurar a Japan Inc. Podrían impulsar a firmas bien administradas a comprar muchas de las más débiles que están socavando la economía. ¿Y quién mejor para educar a Japan Inc. que Milken, el propio ex monarca de los bonos basura?
Milken encabezó la ola de compras apalancadas y de adquisiciones hostiles que abundaron en la década del "80. Convirtió a su ahora difunta empresa Drexel Burnham Lambert Inc., en la principal colocadora de instrumentos. Si bien las cosas resultaron mal para Milken - se declaró culpable de fraude con valores en 1990, pasó 22 meses en prisión y pagó más de $1,000 millones en multas - logró crear una nueva especie de moneda que podría servir para la recuperación de Japón.
La idea de que Tokio aproveche las habilidades de Milken tal vez no sea tan descabellada como parece.
En diciembre los medios informaron que la japonesa Axes Securities Co. se había comunicado con el ex operador de Drexel para solicitarle asesoramiento en la creación de un mercado de bonos basura en Japón. Dos meses antes Milken había visitado Tokio para asistir a un seminario patrocinado por Axes.