Brasil celebró ayer los siete años de vigencia del Plan Real, que le ha proporcionado estabilidad y derrotado una hiperinflación que llegó en 1993 al 3,000%. Mientras tanto, su principal socio comercial en Sudamérica, Argentina, se debate en una crisis económica. El director del departamento del hemisferio occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Claudio Loser, dijo ayer en Brasilia que la crisis argentina "ya contaminó a Brasil".
Una misión del FMI se encuentra en Brasil para evaluar la marcha de su economía y la posibilidad de una renovación del acuerdo suscrito en 1998 por 41,500 millones de dólares. El ministro de Hacienda, Pedro Malán, aseguró que Brasil no precisaría de un nuevo acuerdo porque la economía brasileña tiene el crédito de la estabilidad y está en proceso de crecimiento.
Ante la caída del real en el mercado cambiario, el gobierno utilizó las últimas semanas parte del crédito del FMI para reforzar sus reservas y contar por lo menos con 10,800 millones de dólares para inyectarlos en forma gradual al merco si es que se produjeran "turbulencias contra el real", dijo Malán. Loser aclaró que si bien la crisis argentina ya alcanzó a Brasil, este país "aún cuenta con acceso a los mercados y mayores posibilidades de superar los problemas".
El presidente Fernando Henrique Cardoso envió varios recados a Argentina durante su discurso en el acto central de celebración ayer entre ellos, su propósito de cooperar para enfrentar la situación y revertir la coyuntura negativa que le afecta. Dijo que los 7 años de vigencia del Plan Real debe convocar a una reflexión porque el país ha cambiado mucho de cara a la comunidad internacional, para insertarse en una nueva realidad mundial de transformaciones permanentes.
"Brasil debía acomodarse a esos cambios y abrir sus mercados para participar y crecer. Ni Cuba, ni China mantienen sus mercados cerrados y no había razón para que Brasil los mantenga", aseveró. Manifestó que el reciente problema sostenido con Estados Unidos a consecuencia de la Ley de Patentes y la decisión de fabricar medicamentos baratos contra el sida "mostró el real peso que tiene Brasil en el contexto internacional".