Un Brasil debilitado por la aguda crisis política y económica que atraviesa cerró 2015 confirmando los peores pronósticos para la inflación, que superó la barrera de los dos dígitos hasta llegar al 10.67%, su mayor nivel en los últimos 13 años.
El encarecimiento de los precios superó ampliamente el resultado del 6.41% de 2014 y sobrepasó la meta oficial del Gobierno -situada en el 4.5% y con un techo máximo de dos puntos porcentuales-, un escenario que el país no presentaba desde 2003.
Los datos divulgados por el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (Ibge) reafirmaron así las previsiones más pesimistas de la economía brasileña y rozaron las expectativas del mercado financiero, que se situaban en el 10.70%.
Según analistas, la inflación de 2015 puede atribuirse a la devaluación del 48.3% del real, que repercutió en el valor de las importaciones, y al aumento a principios de año de las tarifas controladas por el Gobierno, como los combustibles, el agua o la electricidad.
Para el economista y profesor de la estatal Universidad de São Paulo (USP) Heron Carlos Esvael do Carmo, este reajuste llevado a cabo "de golpe" por el Ejecutivo, que en el año 2013 y 2014 congeló "artificialmente" el alza de los precios para tratar de controlar la inflación, disparó el indicador del año 2015.