El presidente George W. Bush firmó ayer la tercera mayor reducción de impuestos de la historia de EU, con la que espera fomentar una recuperación económica y su reelección en 2004, pero que sigue recibiendo las críticas de algunos economistas.
Rodeado de varios congresistas en la majestuosa Sala Este de la Casa Blanca, Bush ratificó la ley, que "ayudará a transformar nuestra recuperación en una expansión duradera", según dijo. La nueva norma instituye un recorte fiscal de 330,000 millones de dólares en diez años, más otros 20,000 millones de ayuda a los estados, que se encuentran en su peor crisis presupuestaria en los últimos 50 años.
Aunque autoriza menos de la mitad de los 726,000 millones de dólares de la propuesta inicial, el programa es visto como una victoria política para Bush, que acaba de lanzar oficialmente su campaña para la reelección en noviembre del año que viene.
Pero las críticas al plan no han cesado con su firma y la más coreada es su efecto desigual en la población. El Instituto de Impuestos y Política Económica calcula que dos tercios de los recortes fiscales acabarán en los bolsillos del 10 por ciento más rico de los contribuyentes. Mientras, el 60% de la población recibirá tan sólo un 8.6% del dinero -unos 100 dólares como media- durante los próximos cuatro años, según el mismo centro de estudios.
No obstante, el instituto conservador Cato, como otros que han apoyado el plan, argumentan que es normal que con una bajada de impuestos quienes se beneficien más sean los que más pagan al fisco.
Con este programa, el presidente está intentando evitar el error que cometió su padre en 1991, que como él se aproximó a los comicios con el aura de comandante en jefe vencedor de la Guerra del Golfo, pero perdió las elecciones por el mal desempeño de la economía.
Hasta ahora los resultados de la gestión económica de Bush son decepcionantes, según los analistas. Desde que él se mudó a la Casa Blanca, en enero de 2001, se han perdido 2,7 millones de puestos de trabajo y este año la actividad económica continúa vacilante con un crecimiento de un mero 1,6 por ciento en el primer trimestre.
Bush ha presentado su plan de reducción fiscal como la panacea para estos males, y el secretario del Tesoro, John Snow, ha afirmado hasta la saciedad que permitirá crear 450,000 empleos antes de finales de año y 1.5 millones para fines del próximo.
Aún así, el gobierno no ha despejado las dudas sobre la eficiencia del plan para reavivar la economía, expresadas por economistas de la talla de Robert Solow, Joseph Stieglitz y Paul Samuelson, ganadores del premio Nobel, y financieros multimillonarios como George Soros y Warren Buffet.