La industria estadounidense de las telecomunicaciones, que en 2001 sufrió el derrumbe del mercado de internet y la caída de los gastos de las empresas, parece incapaz de frenar su caída a pesar de la reactivación de la economía.
Los grandes operadores, desde ATetT hata Worldcom, están hundidos en el marasmo, lo cual se tradujo en la caída de sus acciones, en montañas de deudas y, para algunos, en persistentes rumores de quiebra o de prácticas contables dudosas.
El martes, el jefe ejecutivo, fundador y presidente del grupo de telecomunicaciones estadounidense Worldcom, Bernie Ebbers, renunció a sus cargos a raíz de la inexorable caída de las acciones de esta empresa cuyas acciones no valen hoy más de 2 dólares contra los 64,50 dólares que cotizó en su mejor momento, en junio de 1999.
Tras diez años de adquisiciones a marcha forzada, Worldcom se enfrenta a una deuda de 28.000 millones de dólares. Pero el grupo ha desmentido sistemáticamente los rumores de quiebra o iliquidez.
En la época en la que internet parecía firme en sus promesas, los operadores invirtieron en poderosas infraestructuras y terminaron severamente endeudados.
Paralelamente, los márgenes de beneficio de los servicios de larga distancia no cesaron de caer, lo que llevó a los operadores a librar una guerra de precios sin tregua en un mercado de alta competitividad.
"Pensamos que el crecimiento permanecerá deprimido en 2002 en el mercado de la larga distancia a causa de la economía, del impulso de la telefonía celular y del correo electrónico", consideró una analista de Standard et Poor (SP), Rosemarie Kalinowski.
La economía estadounidense salió rápidamente de la recesión, pero su reactivación es lenta y las compañías se enfrentan a una demanda igual de inestable para los servicios de radiomensaje, de internet y de redes.
Aunque el mercado de llamadas locales, dominado por las Baby Bells (Verizon, SBC, Bellsouth, etc) tiene márgenes operacionales más cómodos, estas compañías surgidas en los años 80 al terminar el monopolio de ATetT también se vio afectado por la inestabilidad de la demanda.
La industria de las telecomunicaciones, que alcanza los 300.000 millones de dólares en Estados Unidos desde los proveedores de equipos hasta los operadores-, debió reducir drásticamente los costos y suprimir decenas de miles de empleos.
Ante este exceso de oferta y de capacidades, se anuncia inevitablemente una consolidación del mercado, y Worldcom, Sprint y ATetT aparecen como las candidatas más probables para potenciales fusiones.