En medio de la peor crisis de la historia de la industria del café, los cultivadores colombianos iniciaron ayer su Congreso anual cuyo objetivo es diseñar los programas destinados a mejorar la productividad, la calidad y salvar los ingresos de medio millón de campesinos.
El café es paz y donde se deja de sembrar café se siembra amapola o coca"", dijo el presidente Alvaro Uribe ante cultivadores en el municipio de Salgar, en el norte del país, durante una visita.
El café, que durante más de un siglo fue el motor de la economía colombiana, se ha convertido en una actividad secundaria y al borde de la ruina, debido a los bajos precios vigentes en los mercados mundiales, debido a los grandes excedentes de café barato de Vietnam y Brasil.
El gobierno tuvo que destinar este año 230,000 millones de pesos (85 millones de dólares) para subsidiar los precios y evitar que los campesinos abandonen sus cultivos y siembren narcóticos. En el Congreso se planteará la extensión del programa de ayuda por tercer año consecutivo.
Durante los últimos tres meses los precios del café colombiano lograron su punto de equilibrio, 70 centavos de dólar la libra, que evita producir a pérdida. Además una devaluación del 20% este año ayudó a aumentar los ingresos de los campesinos.
Gabriel Silva, Gerente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), presentará ante el Congreso un plan, que incluirá extensión del programa de renovación de cultivos para producir más a menor costo, aumento de las exportaciones de café procesado y cafés gourmet"" cultivados sin productos químicos, y planes de mejoramiento de las condiciones de vida de los campesinos.
Se calcula que Colombia producirá este año unos 11 millones de sacos de 60 kilogramos, con lo cual recuperaría el segundo puesto en el escalafón de productores, que el año pasado tuvo Vietnam.