La continua amenaza de nuevos cortes en el fluido eléctrico complica aún más la crisis energética que vive California, el estado más rico de EU que si no encuentra una solución, vivirá tiempos aún peores con los calores del verano.
"Lo único que está claro es que el verano será aún peor que lo que hemos vivido hasta la fecha", confirmó Eric J. Tharp, relaciones públicas del departamento de agua y energía de la ciudad de Los Angeles.
A diferencia del resto del estado, Los Angeles no sufre las amenazas de corte en su fluido eléctrico dado que nunca se unió a la desregulación energética aprobada en 1996.
Su capacidad eléctrica ha servido no sólo para mantener con luz a sus 1,4 millones de clientes, -3,8 millones de residentes bajo su suministro-, sino que ha ayudado en la continuidad del fluido eléctrico a otros 1,3 millones de consumidores por todo el estado.
Tharp se suma a la opinión general de que esta crisis está fundada en diversos factores, entre ellos la falta de nuevas plantas en los últimos diez años, el aumento del consumo por parte de los californianos, el resurgimiento económico que ha traído al estado nuevos negocios y la explosión de internet.
"Es un hecho que los precios han subido y que las compañías eléctricas están vendiendo por 6 o 7 centavos de dólar lo que compran por 28 y ese es una buena forma de acabar con el negocio", indicó Tharp.
Con sus palabras intentó ahuyentar la creencia popular de que no existe un problema con la energía sino que es una especulación del mercado para subir los precios al consumidor, subida que podría ser del 400 por ciento.
De acuerdo con la desregulación eléctrica, la distribución de la energía pasó a estar abierta a las leyes del mercado de la oferta y la demanda, fuera del control estatal, pero con limitaciones en el precio de venta al público para proteger a los consumidores.
Esta situación, que según recuerda Tharp funcionó los dos primeros años, ha ido generando la crisis actual que mantiene a California en un estado "tres" de emergencia, que puede suponer periódicos cortes de electricidad, durante una semana consecutiva.
Sin una solución, la crisis empeorará con las elevadas temperaturas del verano "en las que los consumidores se van a ver obligados a escoger entre usar el refrigerador o el aire acondicionado".
David Freeman, director del departamento de agua y energía de Los Angeles, se ha sumado a los esfuerzos que el gobierno de California está haciendo para encontrar una solución a la crisis aunque no hay una salida fácil.
Aunque está proyectada la construcción de nueve plantas en el estado, esta solución llevará años y una costosa inversión, de miles de millones de dólares, hasta que pueda paliar el problema.
La posibilidad de comprar energía a México "sería genial" en opinión de Tharp, dada la proximidad que facilitaría menor pérdida de electricidad durante su transporte.
Sin embargo México puede verse afectado seriamente por la crisis energética de California al ser el principal socio comercial de este estado cuya economía va a sufrir directamente las consecuencias.
"Pasará mucho tiempo hasta que encontremos una solución", subrayó Tharp, que aventuró como salida una combinación de un aumento en el suministro de energía, mayor ahorro por parte de los consumidores y más tecnología.
En este último apartado está la promoción de electrodomésticos de menor consumo, no sólo en los hogares sino en el mobiliario municipal como las farolas o los semáforos.
Dado que la principal fuente de energía son las plantas generadas por gas natural, cuyo aumento de precio está directamente relacionado con esta crisis, otra solución parcial está en el uso de nuevos tipos de energía.
De esta forma el departamento de agua y energía de Los Angeles quiere animar a los residentes a instalar paneles solares en sus hogares, lo que proporcionaría la mitad de la electricidad necesaria para una familia, aportando la mitad del costo de su instalación.
Junto con estas soluciones, el gobierno de California está intentando conseguir un contrato a largo plazo que asegure el suministro eléctrico en el estado sin que se disparen los precios aunque por el momento no ha habido éxito en esta medida.