Los intentos por crear programas de productividad laboral serían infructuosos mientras no se cambie la actitud de creer que empleadores y empleados están en una lucha constante y no pasen ambos sectores a convencerse que sólo con el esfuerzo mutuo se podrán vencer los obstáculos.
En ese sentido, la Estrategia de Competitividad Nacional aboga por aumentar el diálogo entre empresarios, trabajadores y gobierno, con la finalidad de encontrar fórmulas creativas que permitan estimular más la productividad laboral y que finalmente puedan contribuir a una mayor competitividad.
Otro de los retos que plantea la Estrategia de Competitividad Nacional es a un cambio cultural, en el sentido de los valores nacionales.
Es decir, dejar de ser una sociedad clientelista, apegada a una cultura de favoritismos, paternalismos, privilegios, populismo y amiguismos. Por una sociedad de igualdad de oportunidades, en donde los méritos estén definidos objetivamente y por reglas que se aplican imparcialmente y que producen resultados.