El 10% del PIB estadounidense y más de 8 millones de empleos dependen del sector del transporte por carretera, uno de los que primero puede verse afectado por los avances de vehículos que se conducen solos y abrir la puerta de una reconversión tecnológica de consecuencias impredecibles.
Desde Palo Alto (California), Otto, una empresa con 40 empleados, trabaja con el objetivo de que en unos años circulen por carretera camiones con piloto automático, capaces de guiarse con un conjunto de sensores y conexiones sin prácticamente intervención humana alguna.
Otto, al igual que competidores en el mismo nicho como Daimler o Peloton Technologies, quieren que el tráfico de camiones sea más eficiente, al consumir menos combustible, y seguro, al reducir el número de accidentes.
" En un camión de Otto, el conductor tiene un rol supervisor, lo que le permite conducir más millas, a la par que trabaja en condiciones seguras y productivas", señala la empresa, integrada por exingenieros de Google y Apple, a Efe.
Con el mecenazgo de Jeff Bezos (Amazon) y otros grandes inversores tecnológicos también ha nacido Convoy, que se posiciona como el Uber de los transportistas y que intenta eliminar los intermediarios en el complejo y tradicional sistema de transporte de mercancías.