Canadá ya casi ha terminado su búsqueda de casos del mal de las "vacas locas", y no encontró ninguno más, después del único animal que en mayo se había hallado con la enfermedad. Pero el mayor mercado para las exportaciones canadienses de carne, Estados Unidos, no está listo todavía para terminar con la prohibición que aplicó a los productos de Canadá, dijeron funcionarios.
Un panel internacional de expertos en enfermedades animales dio su sello de aprobación a la amplia investigación de las autoridades canadienses, después de pasar todo el fin de semana evaluándola.
Igualmente, todavía pasarían dos semanas hasta conocerse el informe final del equipo.
Ulrich Kihm, el suizo que lideró el panel, dijo que cree que la carne de Canadá está segura y puede ser exportada, pero también estimó que en algún momento futuro habrá otros casos en Norteamérica de la enfermedad que afecta al cerebro, y que golpeó a la ganadería británica en los años "90.
En el inicio de la cuarta semana luego de que surgió en Canadá la crisis por el caso de vacas locas que se detectó, los ganaderos, dueños de corrales de engorde, transportistas y plantas de embalaje del país rezaban para que se vuelvan a abrir las fronteras para sus productos en los países que fueron prohibidos.
El sector ha pedido ayuda al gobierno canadiense, pues la actividad está perdiendo ventas a un ritmo de hasta 27.5 millones de dólares canadienses (20 millones de dólares estadounidenses) diarios.
"Sin duda, tenemos el compromiso con nuestros colegas en Estados Unidos de que, habiendo alcanzado este punto en términos de llegar al final de nuestra activa investigación, estamos juntando todos los datos, toda la información, y preparándola para que les de una historia muy convincente", dijo Brian Evans, jefe de veterinaria de Canadá.
Desde que Canadá reportó el caso de Encefalopatía Espongiforme Bovina, o vacas locas, el 20 de mayo, los inspectores han sacrificado más de 2,000 cabezas de ganado provenientes de 18 granjas que pusieron en cuarentena en la zona oeste del país. Esas granjas estaban relacionadas con la vaca que había contraído la enfermedad, que vivía en el norte de la provincia canadiense de Alberta.