China ha sido un importador neto de petróleo desde 1993, y su demanda energética crecerá, según se espera, a un ritmo mayor que su producción nacional.
Así, en el 2005, ese país produjo 3, 6 millones de barriles diarios frente a 2.8 millones en 1990, pero consumió en cambio 6.9 millones, lo que significa un incremento del 100% en el último decenio.
Según fuentes estadounidenses, el consumo energético chino aumentará a 15 millones de barriles diarios para el año 2030 mientras que su producción sólo será de 4.2 millones.
Actualmente, según BP; China importa un 40% de su petróleo de Oriente Medio, un 23% de los países africanos y un 21% de Asia.
Sin embargo, hay riesgos asociados con los principales proveedores actuales como Arabia Saudí, Angola e Irán, aparte del hecho de que las importaciones chinas pasan por el estrecho de Malaca, donde prolifera la piratería.
De ahí que China esté tratando, según "The Economist", de forjar lazos más fuertes con los productores latinoamericanos.
La impronta energética china en América Latina incluye participaciones directas en compañías del sector, "joint ventures" con empresas estatales, e inversiones en infraestructuras, concretamente en transporte, oleoductos y refinerías.
El semanario británico destaca la compra por la China National Petroleum Corp (CNP) de un 45% del principal productor de crudo del Perú, PlusPetrol Norte, de propiedad argentina, o su participación junto a Sinopec (China Petroleum and Chemical Cop) en el consorcio "Andes Petroleum" que compró por 1.420 millones de dólares los activos en Ecuador de la petrolera canadiense Encana.
Un año más tarde, señala la revista, Sinopec constituyó otro consorcio con la compañía india ONGC Videsph para invertir 850 millones de dólares en una participación del 50% en el capital de Ominex de Colombia, subsidiaria de la norteamericana Ominex Resources.
CNP y Sinopec han llegado asimismo a acuerdos para la constitución de joint ventures con compañías estatales como la brasileña Petrobras y han firmado un memorándum de entendimiento en relación con el gasoducto que unirá el noreste y el sureste del Brasil y que podría en un futuro conectar con el proyectado Gasoducto del Sur, que unirá a Venezuela, Brasil y Argentina.
Asimismo, el gasoducto Brasil Bolivia y el que unirá a Argentina y Bolivia permitirá a este último país conectar con Gasur.
Según "The Economist", hay una clara divergencia entre la retórica china y la realidad en su trato con América Latina: esta región supone una buena oportunidad de diversificación de sus suministros.
La distancia entre China y Latinoamérica significa, que China no podría defender sus rutas de suministro en el caso hipotético de un conflicto mundial.