Se supone que estos meses son la temporada de más trabajo en la tienda de instrumentos musicales de la empresaria Shen Lin, en la ciudad suroccidental china de Kunming, pero sus ventas mensuales de flautas de madera tradicionales están disminuyendo al desacelerarse la economía china, sin que se sepa cuándo mejorará la situación.
“Tengo menos quehacer para mis trabajadores, lo que significa que se les paga menos. Se quejan, pero no tengo otra opción”, dijo Shen, que administra la compañía junto con su marido. “No sé cuándo mejorarán las cosas”.
La recuperación económica de China está tomando más tiempo del que se creía, pero ante el colapso del crecimiento del sector
exportador y un gasto bajo de los consumidores, Beijing evita adoptar una campaña enérgica de estímulo y mantiene su política de pequeñas reducciones graduales en las tasas de interés y modestos aumentos del gasto público.
Una repetición del enorme estímulo que aplicó China en respuesta a la crisis de 2008, con base en una cascada de inversiones encabezada por el Gobierno, podría impulsar el crecimiento en general. Sin embargo, ello haría retroceder los esfuerzos para nutrir una expansión autosostenida basada en el consumo doméstico, reduciendo la dependencia en las exportaciones y las inversiones en un cambio que, según los economistas, es necesario para mantener en alza los ingresos y los estándares de vida. El crecimiento de las exportaciones en julio descendió a solo 1%, en comparación con el 11.3% del mes anterior. El gasto de los consumidores y la producción de las fábricas también bajó.