China ha salido airosa de la cumbre del G20 en Seúl, al evitar que el documento final obligara al país asiático a frenar la revalorización de su divisa, el yuan, como proponía la hasta hace poco potencia hegemónica, Estados Unidos.
A cambio, la segunda potencia económica ha cedido, como los otros diecinueve presentes en Seúl, en un compromiso de intenciones para reducir sus desequilibrios comerciales, de pagos y divisas y aumentar su consumo interno.
La firma del documento supone un avance con respecto a la postura con la que Hu Jintao, el presidente Chino, aterrizó ayer en Seúl: una rotunda oposición a limitar sus exportaciones.
Según el documento, Pekín se ha comprometido también a que sea el mercado el que determine el valor de su divisa, sin plazo predeterminado, a evitar la “devaluación competitiva”, pero ha evitado que el documento obligue al país asiático a renunciar a lo que ya practican, una "infravaloración competitiva", es decir, evitar que el yuan se encarezca.