Economía

Comunidad Andina: Historia de una frustración


"No se puede ser más o menos socialista como una mujer no puede estar más o menos embarazada". Este patético comentario del Ministro de Economía alemán Ludwig Erhard en los años polémicos de la reconstrucción germana, calza a la medida de la ambigüedad que ensombrece todavía a los países miembros de la Comunidad Andina, treinta años después de su creación. Ayer se cumplieron tres largas décadas de la suscripción del Acuerdo de Cartagena, en medio de explosiones retóricas almibaradas de promesas y juramentos sobre las perspectivas de la integración de Colombia, Ecuador , Bolivia, Perú y Venezuela.
Hace 30 años bajo la atmósfera nacionalista atizada por Raul Prebisch, director de la CEPAL, los cinco países se lanzaron a tratar de cumplir la consigna de sustituir las importaciones.
Imperaba un nacionalismo agresivo que pretendía romper la dependencia económica de Estados Unidos, cumpliendo la prédica de sociólogos brasileños como Fernando Henrique Cardoso, Helio Jaguaribe y Theotonio dos Santos.
A finales de los sesenta, la consigna nacionalista andina se transformó en arma de combate cuando tomaron el poder coroneles nasseristas en Perú, Panamá, Ecuador y Bolivia
Una ola de nacionalizaciones arrolló América del Sur. Industrias, minería, comunicaciones, medios de expresión, pasaron al poder del Estado. La Reforma Agraria dividía las fincas en tableros de ajedrez . La inversión extranjera se batió en retirada, luego de padecer la ola de nacionalizaciones. Velasco Alvarado, Torrijos, Allende, se convirtieron en los sobrinos rebeldes del Tío Sam, ya irritado por el humo de los puros revolucionarios de Fidel Castro.
Mientras los regímenes nacionalistas ahuyentaban a las empresas norteamericanas, los regímenes liberales de Chile y Brasil las atraían. Encandilado por el asesoramiento de los Chicago Boys del Mapocho, Pinochet rompió los esquemas nacionalistas y desertó del Grupo Andino.
Chile abrió sus fronteras a la inversión privada y el éxito que alcanzó en los primeros años de apertura económica opacó a sus ex socios andinos que maldecían en voz baja por los errores perpetrados a la sombra del mal entendido nacionalismo.
Tras los muros de su pétreo local en Lima, la integración comercial del Grupo Andino marchó a ritmo paquidérmico. La burocracia sudamericana elaboró alrededor de 500 decisiones en 30 años de trabajo sigiloso. Se suscribieron convenios complementarios en educación (Andrés Bello), salud (Hipólito Unánue) , ciencia y tecnología ( Simón Rodríguez). Los documentos reposan todavía cubiertos de polvo. Muchos discursos largos; muchos convenios que no se cumplen; muchas repeticiones de las mismas esperanzas.
El escenario de la celebración de los treinta años es el mismo. Allí están los muros coloniales de Cartagena de Indias. Allí sigue, deslumbrante, el mar Caribe que antes surcaron los filibusteros. Allí los jefes de Estado han repetido los mismos discursos con ligeras variantes. Pero ya el motor de la antigua retórica integracionista no es el nacionalismo productor sino el cosmopolitismo exportador. Como dice el personaje de la novela "El Gatopardo", todo cambia para no cambiar. Se cambió el nombre de Grupo Andino por Comunidad Andina. Pero la institución es la misma, con sus defectos y virtudes.
En l999 se pide que se abran las puertas que estuvieron cerradas en l969. Sectores como energía eléctrica, teléfonos, materias primas, fueron considerados estratégicos y se vedó su ingreso a la inversión privada nacional o extranjera.
Pero los tabúes ahora desaparecen . En Cartagena se pidió la desaparición de los sectores estratégicos antes reservados al Estado.
Sin embargo llegamos tarde a la fiesta de la privatización . El Mercosur, que agrupa a los países más poderosos de la región, vale decir Brasil y Argentina, ha avanzado mucho por ese camino, por lo demás intensamente transitado por Chile desde su salida de la comunidad andina. Nos ponemos a la sombra de la privatización tardíamente cuando ha mostrado su lado oscuro en México, Argentina y los países asiáticos.
Un pensador dijo en una ocasión que los cambios llegan a América Latina con cincuenta años de retraso. Así lo ratifica el proceso de integración.
Rencillas comerciales entre ecuatorianos y colombianos y entre venezolanos y colombianos por trivialidades fronterizas o discordias de mayor envergadura entre Perú y Ecuador, dificultan la integración aunque hay perspectivas de solución a corto plazo. Se habla ahora que el mercado común andino se concretará en el año 2002 ó 2004 a más tardar. Pero hoy en l999, a treinta años del pionero Acuerdo de Cartagena, la integración es la historia de una frustración.


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62855
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América