La mayoría de las familias anhelan tener una vivienda que sea la cueva soñada donde la efervescencia del amor llegue a la plenitud deseada.
Una casa constituye un patrimonio que permite a los propietarios crear un reino donde dilucidar cosas buenas y malas de la vida, apartados del mundo y los hechos circundantes.
Para algunos, las actividades relacionadas a bienes raíces han sido negocio próspero donde establecieron la base de su fortuna y legaron a familiares las experiencias profesionales que por lucrativas generaron prosperidad.
Bienes Raíces es parte de un eslabón de la cadena económica de las naciones, que generan trabajo decente, honrado y dignifica a los participantes.
En Panamá, tacita de oro parcialmente contaminada, los bienes raíces hacen circular más de mil millones de balboas y el dinero salpica desde el ayudante de albañil hasta las promotoras que para conquistar el mercado, edifican joyas arquitectónica que así como son preciosas, son costosas.
La vida es una, por lo tanto, todo aquel que tiene los recursos económicos y se deja seducir por los encantos de una casa o apartamento, que lo disfrute al máximo porque después, sólo quedan dos alternativas: el cielo o el infierno.
Cuando por primera vez los españoles llegaron a esta tierra, que a pesar de sus problemas es vista en el exterior con admiración, escucharon que este lugar se llamaba "Panamá", que en lenguaje indígena significó "abundancia de peces y mariposas".
Hoy, Panamá dejó de ser el pantano lleno de mosquitos que implacables le hicieron la guerra a los constructores del canal, y ahora podría significar abundancia de urbanizaciones acogedoras que riñen en bellezas.
Las cifras que manejan los organismos del Estado revelan que existe un déficit habitacional de más de 150 mil viviendas y crece el mercado de personas que desean un espacio donde vivir en compañía que aquellos que nos tonifican de alegría.
Ante la creciente demanda de casas, el portafolio hipotecario de los bancos permanece abierto otorgando préstamos a quienes clasifican.
Para unos, el dilema es comprar o construir una vivienda. Todo promotor que invierte en una urbanización, desea recuperar su dinero con ganancias; por lo tanto, no se amilana en agregar a la propiedad desde los centavos que pagaron por el primer clavo hasta las toneladas de acero que se utilizaron para edificar la casita, y el precio del inmueble aumenta más en condominios donde hay que construir varios pisos para estacionamientos, area social, gimnasio y otras exigencias.
Por ejemplo, una casa cuyo costo en el mercado es de cien mil balboas, su valor podría ser hasta un tercio menos, porque el promotor - que es comerciante y no tiene deseos de perder- intenta recuperar todo lo invertido a saber : construcción de la vía que pasa frente a la vivienda, drenajes, postes de luz, luminarias para evitar calles oscuras, tuberías de agua para llevar el precioso líquido, aceras, tinaqueras, el valor del terreno, pago de obreros, cada saco de cemento adquirido, planos, escrituras, gastos notariales y legales, trámites, impuestos, la comisión que se paga al vendedor, y, si tropieza con un funcionario corrupto, la coima para agilizar los procedimientos, además de otras arandelas que se incorporan en el camino. No es fácil.
Si el adquiriente suma todo el dinero que pasa por el embudo de la transacción, se percatará que su casa pudo costar quizás más de un tercio menos de lo que pagó, pero para determinar esto se requiere una certificación de expertos que saben de avalúos y costes.
Una casa comprada en las áreas revertidas o urbanizaciones donde residen la clase económicamente mejor favorecida, cuesta tres veces más que la misma vivienda construida en un barrio donde el valor de la tierra es menor. Sólo es cuestión de saber cómo, cuándo y dónde se pisa en el terreno adecuado.
Muchas personas que cuentan con recursos modestos pueden construir una casa igual de preciosa en un barrio menos pomposo, pero la vanidad - que es enfermedad incurable -- no se lo permite y quizás el lugar donde tienen su terrenito no les da el status social que desean, hecho que no es criticable porque cada uno aspira a mejores días y quien no piensa así, está de más en este mundo complicado. Pero para construir la casa deseada enfrentará el primer obstáculo: el factor humano.
Es difícil encontrar un obrero -- llámese albañil, electricista, plomero -- que efectúe un trabajo a conciencia y que no falte a cada rato con los tradicionales cuentos que constituyen mentiras que invocan los vagos.
Obreros competentes hay, pero la mayoría ocupados trabajando en palacetes que construyen aquellos que, según un candidato presidencial, "entran limpios y salen millonarios".
En el interior del país se efectuaban "juntas de embarre", y toda una comunidad se unía para levantar la casita de quincha donde abrigados por el amor, se cobijaba una pareja. Hoy esa tradición se extingue y el bloque está desplazando al barro.
Es significativo el ahorro que se logra construyendo una casa, en comparación con la vivienda ya edificada, lista para ocupar, pero para evitar problemas es preferible comprarla porque nos evitaremos los sinsabores de lidiar con obreros irreponsables.
Estóicamente tenemos que admitir que comprar la casa construida nos libra de úlceras, pesadillas y decepciones, a menos que encontremos un albañil responsable a quien el Gobierno debe hacerle un homenaje, porque ya quedan pocos.