El nuevo comité estadounidense de supervisión de la profesión contable es considerado crucial para restablecer la confianza de los inversores, afectada por los escándalos, pero ya está debilitado por la batalla política en torno a la designación de su prsidente, un ex director del FBI.
La Comisión estadounidense de Operaciones Bursátiles (Securities and Exchange Commission, SEC) nombró este viernes a William Webster, de 78 años, a la cabeza del nuevo Public Company Accounting Oversight Board (Consejo público de supervisión de la contabilidad de las empresas).
Webster es un ex director del FBI, la policía federal, y de la CIA, agencia central de inteligencia. Tiene reputación de integridad pero sus adversarios le reprochan no tener ningún conocimiento de la contabilidad.
Hasta ahora, la profesión contable se autoregulaba en Estados Unidos.
Pero la caída del corredor de energía Enron y la del gigante de las telecomunicaciones Worldcom reveló al gran público prácticas que minaron la credibilidad de la profesión y demostraron su incapacidad de detectar los fraudes.
Por ahora, la sociedad de auditoría Arthur Andersen es la única condenada -por obstrucción a la justicia- en el caso Enron.
El rol del nuevo consejo será por lo tanto crucial para restaurar la confianza en las cuentas de las empresas estadounidenses.
El nuevo consejo deberá no solamente establecer las normas contables, asegurar las inspecciones y castigar las malas prácticas sino que tendrá además la pesada tarea de asegurarse que las auditorías contables de miles de empresas cotizadas en Estados Unidos sean exactas.
Pero su autoridad no comienza con los mejores auspicios, ya que el nombramiento de William Webster dio lugar a una batalla política pública entre republicanos y demócratas, exacerbada por la proximidad de las elecciones legislativas, el 5 de noviembre.
Los demócratas apoyaban a un candidato, John Biggs, presidente de un enorme fondo de pensiones para docentes, que fue muy duro con la profesión contable.
El viernes, los integrantes de la SEC republicanos Paul Atkins y Cynthia Glassman así como el presidente de la SEC Harvey Pitt votaron a favor de Webster mientras que los demócratas Harvey Goldschmid y Roel Campos lo hicieron en contra, en una audiencia pública.
La querella fue envenenada por las críticas muy virulentas y recurrentes contra Harvey Pitt, acusado de ser juez y parte, ya que trabajó durante años como abogado y defensor de la industria contable. El presidente del poderoso sindicato AFL-CIO, John Sweeney, defensor de la desgnación de Biggs, tuvo palabras muy duras para Pitt.
"Hoy una pequeña mayoría partidaria de la SEC votó para nombrar un consejo de supervisión con una mayoría elegida por la industria contable a través de sus agentes en la Casa Blanca", escribió en un comunicado.
Las páginas editoriales de The Wall Street Journal, cercanas a las posiciones republicanas, pidieron sin embargo el jueves a William Webster retirar su candidatura para evitar despertar el sentimiento de que es el delfín de Harvey Pitt y salvar la credibilidad del nuevo comité.
William Webster se defendió de cualquier influencia este viernes. "Soy ferozmente independiente, no pertenezco a nadie", dijo en la reunión pública. Nunca los contables o la administración Bush o el Partido Republicano buscaron "influir en mis juicios".
El senador demócrata Paul Sarbanes, co-autor de la ley que, entre otros apectos, creó el comité de supervisión, no resultó impresionado. "El país estaría mejor si Pitt renunciara a su puesto de presidente de la SEC", indicó en un comunicado.
Pero el secretario del Tesoro Paul O"Neill y el presidente de la Reserva Federal (banco central) Alan Greenspan elogiaron la elección de Webster. "Webster es una elección admirable para presidente", dijeron Greenspan y O"Neill en una carta conjunta al presidente de la SEC, Harvey Pitt.