En menos de dos meses bajó 149 pesos. Inversionistas, exportadores y el Gobierno cruzan los dedos para que suba de precio. Importadores, viajeros y deudores hacen lo propio para que se mantenga a la baja. Los comportamientos disímiles se explican porque cualquier movimiento de la divisa genera pérdidas para unos y ganancias para otros. Por eso la pregunta que ronda los mercados es cuánto más va a caer o subir en los próximos días y cuál es la tasa de cambio que le conviene al país para que la economía sea competitiva.
Hace por lo menos tres semanas, al presidente Álvaro Uribe le rondaba en la cabeza la preocupación por la caída sostenida del dólar. Consideraba que si seguía bajando tendría un impacto negativo en las exportaciones y por ende en la generación de empleo y el crecimiento económico. Así lo expresó en dos consejos de ministros y en varias conversaciones privadas con funcionarios del Gobierno. En una comida el pasado martes el ministro de Agricultura, Carlos Gustavo Cano, le dijo que la revaluación pondría en aprietos todos los esfuerzos que se estaban haciendo para sacar adelante al agro, porque los alimentos extranjeros podrían venderse en el país más baratos que los nacionales.
La cotización del dólar, que llegó en marzo a su nivel histórico más alto (2.962 pesos) comenzó a caer sistemáticamente hasta 2.813 pesos. La revaluación en lo corrido del año estaba cercana al 2%. A ello se sumó el pronunciamiento del presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, acerca de que esos saltos de la divisa no eran convenientes.
El presidente Uribe, en un comunicado de un párrafo, le pidió a la Junta Directiva del Banco de la República "tomar las medidas necesarias para garantizar una tasa de cambio competitiva". Después de conocerse el mensaje, el precio del dólar, que estaba cayendo a 2.776 pesos, comenzó a repuntar.