La economía estadounidense encara un panorama tan incierto que muchas empresas, aunque se han recuperado, han decidido no acelerar la contratación, por creer que no aumentará la demanda de los consumidores o porque temen que la crisis de la deuda soberana en Europa podría contagiar la economía global.
Además, dudan de que el Congreso estadounidense acierte con los impuestos y el gasto público en los próximos meses.
La patronal estadounidense creó solamente 69,000 empleos en mayo, la menor cuantía en un año y el tercer mes consecutivo de débil crecimiento del sector.
“Cuando se está nervioso, lo mejor es no actuar”, dijo Chad Moutray, economista jefe de la Asociación Nacional de Fabricantes.
El Gobierno estadounidense está muy cerca de su tope de endeudamiento y hace un año estuvo a punto de declararse en cesación de pagos debido a las diferencias en el Congreso.
Las empresas se quejan además de que los cambios en las regulaciones del medioambiente y las subvenciones mercantiles son impredecibles. Para las que construyen carreteras, la contratación de personal ha quedado congelada mientras el Congreso debate cómo financiar las obras.