Catalina de Quelquejeu, es una empresaria que lucha por lo que quiere , por ello es propietaria y gerente general de tres tiendas llamadas Regalos Katy. Además administra una imprenta y es accionista de una constructora.
1. Fe en Dios y perseverancia. Siempre que emprendo un negocio se lo confío a Dios, sin él no somos nada, prueba de ello es que desde que se inició (18 años) en el comercio de ropa me ha ido muy bien; no solo hay que pensar en los beneficios que uno recibe también hay que pensar en el prójimo aportando nuestro granito de arena a fundaciones benéficas.
Todos los años realizo un proyecto denominado “Un Llamado de Amor”, se trata de un desfile de moda y todo lo que se recoge en el evento se destina a operaciones en niños con deformaciones.
2. Colaboradores correctos. El éxito de una empresa no sólo es de la persona que dirige el barco, si no también del recurso humano que colabora día a día con uno, tienen que ser honestas, trabajar con mucho empeño y capacitarse.
3. La clientela y competencia. Hay que estar pendiente con la mercancía, y buscar nuevas líneas. Siempre que viajó a Nueva York trato de visitar un proveedor nuevo para ver qué ropa está de moda y así poder refrescar el negocio y evitar que nuestra clientela se aburra, además que la competencia es muy fuerte.
4. En la vida se construye. Actualmente cuento con tres tiendas, producto de la buena administración y con una cartera de 1,500 cuentas de crédito. No se puede ir por la vida destruyendo sino construyendo. Hay que tener ganas y ser transparentes en lo que uno hace y eso se lo transmites a los clientes, porque saben que eres una persona de palabra y se te abren las puertas en todos los bancos y se facilitan las cosas.
5. Facilidades. Tratamos de ser diferentes en el servicio a la clientela y esa es una de las fortalezas en el servicio que brindamos. Ser diferentes significa que el cliente es la prioridad y hay que facilitarle las cosas, como por ejemplo hay clientes que nunca vienen a las tiendas pero llaman por teléfono y se les hace llegar la mercancía. Igualmente hay personas que están tan ocupadas y hay que hacerle arreglos a las prendas y la modista se traslada a sus residencias y también se cobra a domicilio.