En América Latina y el Caribe existen 10 millones de jóvenes desempleados, 22 millones que no estudian ni trabajan y más de 30 millones que trabajan en la informalidad y en condiciones precarias.
Esta situación representa un gran desafío para la región, en donde el desempleo abierto entre los jóvenes alcanza un 16%, mientras que entre los adultos es de 5%, una relación de casi tres veces.
En América Latina y el Caribe residen cerca de 106 millones de personas jóvenes entre 15 y 24 años de edad, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Para la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), en la región la tasa de desempleo juvenil duplica a la de los adultos: 15.9%.
Las proyecciones indican una caída en la tasa de crecimiento poblacional a partir del 2015.
Si entre 1970 y 1975 la población juvenil creció en 18%, en el periodo 2000 al 2005 solo creció 3,9% y del 2005 al 2010 sólo crecerá en 1,8%.
Se puede decir, entonces, que estamos cerca del tope demográfico juvenil en la región.
Lo que se haga a favor del trabajo decente y productivo para la juventud, sostiene la OIT, tendrá repercusiones favorables en el futuro de la democracia, el crecimiento económico, los sistemas de protección social, y un desarrollo que merezca el calificativo de humano en las sociedades de América Latina y el Caribe, en la primera mitad del siglo XXI.
Sin embargo, aduce la OIT, los jóvenes actuales nacieron durante la “década pérdida” de América Latina que se caracterizó por una caída drástica en el Producto Interno Bruto (PBI) per cápita regional.
Las consecuencias de dicho periodo han sido tan grandes que incluso en la actualidad, luego de más de dos décadas, el PBI per cápita y la pobreza son similares a los existentes en 1980.
El PIB es la suma de todos los bienes y servicios finales producidos en un país durante un año.
Si se redujera a la mitad el desempleo de los jóvenes, siempre de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, la producción de la región crecería entre 4.9 y 7.8 puntos porcentuales adicionales.
El desempleo juvenil es, sin duda, una preocupación central para el desarrollo de la región, al punto que la disminución de este indicador es una meta consistente con la reducción de la pobreza.
En la última década el mundo ha visto duplicar su oferta laboral con la entrada de los países del “socialismo real” a la economía de mercado global.
Hay más competencia por los puestos de trabajo en mercados laborales cada vez más globales.
Los jóvenes, insiste la OIT, son uno de los grupos más afectados por este incremento.