Un programa de microcréditos ha permitido a varios habitantes de Rocinha, una típica barriada pobre situada en el corazón de Río de Janeiro, superar los estigmas de la violencia y el narcotráfico.
Esta favela es eje del programa de préstamos "Viva Cred", impulsado hace cinco años por "Viva Río", una organización no gubernamental nacida en 1994 como reacción al auge de la violencia en Río de Janeiro.
Los créditos van desde el equivalente de 30 a 1,600 dólares y financian desde carritos de perros calientes hasta quincallas, consultorios, talleres de costura, peluquerías, vídeo clubes, botiquines y escuelas de vuelo en ala delta.
"Han sido un gran éxito más allá de lo financiero", dijo Teófilo Cavalcanti, superintendente de "Viva Cred", en declaraciones a EFE.
"Es una prueba de que la favela no es sólo droga y violencia, sino que hay además una economía diversificada", agregó Cavalcanti durante una visita a Rocinha.
En la más "famosa" favela de Brasil viven unas 200,000 personas, apiñadas en construcciones que trepan las faldas de uno de los tantos morros de la ciudad.
"Viva Cred" nació con el apoyo del estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Ha otorgado 9,773 préstamos por valor de 16 millones de reales (unos cinco millones de dólares al cambio actual), a tasas preferenciales.
Tiene cinco agencias en las mayores barriadas de Río de Janeiro, lo que, según sus promotores, facilita el contacto directo con su clientela y agiliza los créditos, accesibles a personas sin patrimonio personal y sin otras oportunidades de ascenso social.
Los intereses mensuales del 3.9 por ciento son una alternativa ante el 7.9 por ciento que cobra la banca comercial. En Brasil, el costo del dinero es considerado uno de los más altos del mundo.
Las altas tasas están entre las herramientas del Gobierno para contener el gasto, la inflación y el alza del dólar. Pero, en contrapartida, limitan la financiación y el crecimiento de la economía.
En este escenario, común a otros países de América Latina, los créditos a microempresas surgen como una alternativa.
El BID ha destinado desde 1978 cerca de 800 millones de dólares a países de la región para ayudar a impulsar proyectos de micro, pequeña y mediana empresa, con créditos blandos y donaciones, explicó Fernando Campero, especialista de este organismo.