La gran cantidad de créditos incobrables que acumula la banca japonesa ha agudizado el descenso económico del país en 2001, y su liquidación queda como tarea prioritaria del Gobierno para el año entrante.
En el último día de negociaciones de la Bolsa de Tokio, el indicador Nikkei ganó 85 puntos y cerró en 10,542.62 puntos ayudado por un informe de que el Gobierno del primer ministro, Junichiro Koizumi, está dispuesto a autorizar una nueva inyección de dinero público para las entidades. El Nikkei, sin embargo, terminó el año un 23.5 por ciento menos que en la apertura de enero y en su peor nivel desde 1983.
Koizumi asumió el cargo en abril y sus primeros ochos meses de Gobierno fueron marcados por un descenso sostenido que incluye la subida del paro al 5.5 por ciento en noviembre, nuevo récord histórico, y el descenso de la producción industrial, que se contrajo el 1.8 por ciento, también en noviembre, hasta caer a su nivel más bajo en los últimos 14 años.
Aparte de la ralentización económica mundial y los efectos del 11 de septiembre, los expertos señalan la lentitud del primer ministro en concretar las osadas reformas enumeradas en la inauguración de su Gobierno.
Koizumi prometió una ambiciosa y difícil reforma administrativa que intenta privatizar empresas públicas deficitarias en las que tiene arraigados intereses el Partido Liberal Democrático (PLD), agrupación de clanes políticos que controla el poder casi sin pausas desde 1955.
El primer ministro anunció una reactivación económica que intenta liquidar los masivos impagados de la banca en tres años. Las consecuencias de la crisis bancaria en la economía fueron previstas por un estudio de la empresa Tokyo Shoko Research en el que se asegura que la liquidación de impagados de la banca nipona producirá en los próximos dos años unas 20,000 quiebras empresariales y eliminará 200,000 puestos de trabajo.
Este año, las principales quiebras de empresas financieras, la de los supermercados Mycal y la constructora Aoki, con pasivos respectivos de unos 12,000 millones de dólares y de más de 3,000 millones de dólares, demostraron para algunos expertos que la banca ha cambiado la actitud benevolente del pasado y está dispuesta a quitar el respaldo a las empresas sin perspectivas de supervivencia.