Durante los últimos días miles de residentes en la ciudad de Panamá y áreas periféricas vieron afectadas sus tareas cotidianas por la falta de agua o la mala calidad de la que se suministraba. Esto que podría parecer un problema puntual, es en muchos lugares del planeta una realidad permanente y desgraciadamente creciente.
Panamá es clasificado por la Organización Meteorológica Mundial como una nación con pocos problemas de escasez de agua. 500 ríos (350 en el litoral Pacífico y 150 en el Caribe) y 52 cuencas hidrográficas nos colocan como el segundo país, después de Nicaragua, con la mayor disponibilidad hídrica de Centroamérica. Sin embargo, el mapa hídrico panameño está en el ojo de la tormenta. Muchos sectores están sedientos de agua potable y la contaminación amenaza la preservación del recurso.
Expertos en temas ambientales y de desarrollo urbano reconocen que para el 2017 las ciudades de Panamá, en la vertiente del Pacífico, y Colón, en el litoral Caribe, enfrentarán una crisis de abastecimiento de agua potable, debido a factores ambientales y a falta de planificación urbana.
El problema fundamental es establecer redes de distribución eficientes que puedan suplir la demanda creciente de agua potable en el área metropolitana. Como es sabido, las ciudades de Panamá, la Chorrera, Arraiján y Colón, donde habita el 50% de la población de este país, son suplidas por la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá, que provee el 95% del agua cruda, que es potabilizada y distribuida a la población, a través de una extensa red de tuberías.
Sin embargo, debido a limitaciones financieras, el IDAAN no podrá ampliar los sistemas de extracción, almacenamiento y distribución de agua, más allá de la actual demanda, lo que anticipa en los próximos años una carencia de 26 millones de galones diarios.
Es decir, la producción futura será de 385 millones de galones diarios y la demanda de 470 millones de galones.
Continuará.