Para Corcóstegui la situación fue -lo sigue siendo- difícil de asumir. El consejo le había dejado sin uno de sus hombres de confianza, en el que depositaba todo el peso de la comunicación del banco y seguía todas sus indicaciones.
El golpe que recibió Abril rebotó en Corcóstegui y supuso una quiebra en el entendimiento entre Emilio Botín, copresidente, y su consejero delegado, responsable de la gestión de la entidad. Las consecuencias finales de aquella decisión entraron en una vía llena de minas con un desenlace impredecible.