La publicación especializada británica The Economist señala en su último número las condiciones ventajosas que ofrece al capital extranjero el centro bancario internacional panameño pero, a la vez, le acusa de no hacer nada todavía contra los evasores internacionales de impuestos.
“Bajo la dictadura de Manuel Noriega en los años de 1980 el mundo vio los bancos panameños como sinónimos de maletines repletos de dinero del narcotráfico. De modo que hubo poca sorpresa cuando en abril la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), un club de países ricos, incluyó a Panamá en su “lista gris” de países que muestran insuficiente apertura financiera. Desde entonces, los otrora notorios paraísos fiscales, como Islas Cayman y Liechtenstein, a regañadientes han aceptado reformas para salir de la lista y escapar de la amenaza de sanciones. Contrariamente, Panamá no se ha sumado, reforzando su reputación como el malandrín líder financiero de América Latina.
Defensa.
Los líderes políticos y de negocios del país insisten en que su sistema financiero se ha convertido en un parangón de integridad, y que Panamá está siendo injustamente señalado por los países ricos deseosos de obtener ganancias por la recesión.
“Los Estados Unidos es el mayor paraíso fiscal en el mundo”, dice Juan David Morgan, un abogado, haciendo notar que Estados Unidos exonera a extranjeros de las ganancias o recaudaciones en intereses. “Pero ellos quieren usarnos de chivo expiatorio porque somos visibles y tenemos un canal. Es un doble estándar”.
Panamá está ahora realmente lejos de ser el clásico centro financiero libre para todo.
Sus bancos están altamente regulados. Abrir una cuenta requiere una semana de burocráticos procedimientos y una respetada agencia vigilante monitorea las grandes transacciones. Panamá ocupa el cuarto puesto entre 30 naciones escrutadas por la Fuerza de Tarea de Acción Financiera (un cuerpo establecido por los países del Grupo de los Siete) sobre establecimiento de medidas anti-lavado de dinero. Y también cobra impuestos fuertes y equitativamente a la actividad económica doméstica, aunque deja intocables los ingresos provenientes del extranjero.
Resistencia.
Sin embargo, Panamá no ha progresado en la prevención de la evasión de impuestos por parte de los extranjeros. Para salir de la lista de la OCDE, una jurisdicción necesita 12 tratados de intercambio de información sobre impuestos. Panamá rechaza estos acuerdos, argumentando que ellos no proveen a los extranjeros beneficio alguno puesto que lo único que cobra son los impuestos por ingresos domésticos.
Más bien, su nuevo presidente, Ricardo Martinelli, dice que él firmará tratados para eliminar el doble cobro de impuestos, los cuales reúnen los requerimientos de la OCDE de compartir información y pueden atraer inversión extranjera. Panamá ha enviado un equipo negociador a Italia y está dialogando con Holanda, España y México. Pero ningún acuerdo ha sido alcanzado aún que conduzca a los escépticos a acusar al señor Martinelli de jugar con el tiempo.
Leyes corporativas laxas también han atraído el escrutinio público. Permiten a las compañías ser creadas en minutos, y no pagar impuestos sobre sus operaciones en el extranjero. También les permite esconder o disimular su propiedad mediante “portadores de acciones” anónimos (los panameños señalan que varios estados en Estados Unidos hacían lo mismo hasta hace poco tiempo). Esta política – junto con reglas bancarias estrictas, una economía dolarizada, y vínculos fuertes en transporte y comunicaciones—ha hecho del país un imán para empresas “concha” o protectoras. Panamá (...) registra cerca de 45,000 compañías “offshore” al año.
Más aún, Panamá es un destino atractivo para lavadores de dinero. Es una inevitable parte de la ruta para traficantes que traen drogas del sur hacia el norte de América. Su zona libre comercial, que maneja $19 mil millones al año, presenta muchas oportunidades de lavado de dinero. Lo mismo hace su industria de la construcción, la cual ha estado creciendo explosivamente. Entre Abril 2008 y Diciembre 2010 unos 18,000 apartamentos golpearán el mercado, principalmente en edificios rascacielos que mentes locales sospechosas califican como “torres de cocaína”. Hay varias razones legítimas para el “boom” de la construcción: muchas multinacionales tienen oficinas regionales en Panamá y el país está lleno de estadounidenses retirados e inversionistas venezolanos y colombianos (...).
Advertencia.
Gabriel Btesh, un desarrollador, dice que compradores rusos han estado fluyendo al mercado, comprando propiedades frente a playas, sin ser vistos, mediante intermediarios (“brokers”). (...)
La ratificación de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos está también en riesgo. Aunque Martinelli no puede ser visto como atándose a la presión extranjera si a la vez mantiene su popularidad.
“Diferente a las islas caribeñas, Panamá tiene una economía real, la cual hace más complicadas las negociaciones de tratados”, dice Dulcidio de la Guardia, el viceministro de Finanzas.”