El anuncio de un grupo religioso sincrético de santería que prepara un crucero a Cuba avivó ayer la polémica entre exiliados cubanos en Miami sobre la idoneidad de los viajes a la isla y la actitud correcta hacia el régimen castrista.
“Se trata de personas que quieren lograr beneficios económicos utilizando las respetables creencias de otros y que pretenden sacar ganancias de giras turísticas disfrazadas de religión”, dijo Ninoska Pérez Castellón, directora del Consejo por la Libertad de Cuba (CLC).
Agregó que la iniciativa es “más que inapropiada, en un momento de una gran ola de represión en Cuba y en que los prisioneros políticos se encuentran en condiciones deplorables”.
Asimismo, Pérez Castellón puso en duda que el gobierno estadounidense, que mantiene un embargo de más de cuatro décadas contra Cuba y que sólo autoriza contadas visitas a la isla, incluidas las de parientes e intercambios académicos, haya dado los permisos necesarios para hacer el crucero.
Por su parte, representantes de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), otro de los principales grupos del exilio, dijeron que si bien la organización lucha contra el “ablandamiento del embargo a Cuba”, respeta las leyes estadounidenses.
“No tenemos nada que decir contra las personas que anuncien este tipo de proyectos, están en su derecho de hacerlo y de viajar a Cuba si cumplen con las leyes estadounidenses”, dijo Joe García, director ejecutivo de la FNCA.
El directivo del grupo, que ha luchado por “derrotar los esfuerzos de aquellos que buscan establecer relaciones diplomáticas y económicas con el régimen castrista”, añadió que, en el caso de los viajes y las remesas, son los propios exiliados cubanos los que “deberían restringirse por sí mismos”.
Para la FNCA son “las leyes y las conciencias” las que deben determinar los viajes a Cuba, a diferencia del CLC, que ha pedido a Washington que sólo permita los viajes estrictamente necesarios y que disminuya la cantidad de dinero anual que los exiliados pueden enviar a sus familiares en Cuba.
De acuerdo a cálculos extraoficiales, unos 120,000 cubanos viajan anualmente a Cuba a visitar a sus familiares, mientras que las remesas suman casi 1,000 millones de dólares cada año, lo que las convierte en la segunda fuente de ingresos de divisas en el país, detrás del turismo.
La polémica se originó después que la Asociación Lucumí Shangó Eyeífe anunció que contaba con los permisos exigidos para realizar un viaje religioso a Cuba la última semana de julio.
José Montoya, presidente del grupo, explicó que ya existe el contrato con la empresa de cruceros y que le siguen “lloviendo solicitudes para este primer viaje histórico, aunque sólo llevaremos unas 700 personas”.
La realización del II Foro demuestra que los objetivos trazados el año pasado fueron en gran medida cumplidos, sin embargo el grado de realización de tareas impuestas dejó un espacio para mejoras.