Al cierre de la sesión regular, el precio de los contratos para septiembre del Petróleo Intermedio de Texas, el de referencia en EU, se situó en 46.75 dólares por barril, después de un incremento de 0.70 dólares.
La cifra registrada ayer supone un nuevo máximo histórico al cierre en Nueva York y supera el anterior récord de 46.58 dólares con el que cerró en la sesión del viernes.
Los contratos de petróleo Brent para octubre también se cotizaron al alza en el mercado londinense y terminaron a 42.99 dólares, después de un alza de 0.30 dólares.
Los contratos de gasolina para entrega en septiembre terminaron con un valor similar al de la sesión anterior, en 1.30 dólares por galón (3.7 litros), mientras que los de gasóleo de calefacción añadieron alrededor de dos centavos y cerraron a 1.22 dólares.
El mercado neoyorquino modificó hacia la media sesión la tendencia bajista que había mostrado desde el inicio de la jornada de negocios y en la pre apertura, y emprendió desde ese momento una carrera alcista que lo llevó muy cerca de 47 dólares por barril.
Algunos analistas preveían una cierta corrección del mercado después de conocerse el triunfo del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en el referéndum revocatorio del domingo, que parece asegurar la continuidad de los suministros desde ese país, el quinto productor mundial de crudo.
La amplia ventaja de los partidarios de la continuidad de Chávez frente al voto opositor despejaba una incógnita que había presionado con fuerza a los precios en recientes semanas.
La incertidumbre persiste, sin embargo, en torno al futuro de la petrolera rusa Yukos, que podría reducir el nivel de suministros de petróleo desde ese país, el segundo mayor productor mundial.
Las perspectivas sobre esta empresa parecían algo más favorables después de que Ferrocarriles de Rusia indicase que seguiría transportando el crudo de esta empresa a sus clientes.
Con ello parecía garantizada, al menos a corto plazo, la continuidad en los envíos a destinatarios ávidos de petróleo como China.
Sin embargo, el Tribunal de Arbitraje de Moscú rechazó la solicitud de la compañía de detener una sentencia que le obliga a pagar 3,400 millones de dólares por impuestos evadidos en 2000.
El temor de los mercados es que una quiebra de la compañía rusa reduzca en alrededor de 1.7 millones de barriles diarios de crudo el nivel de oferta global en momentos en que la demanda es elevada. Tantas cosas de ayer, tantos escombros
de moluscos galantes contra el frío
de chalupas y costas encalladas
con las redes dormidas, marineras! VIII
musgos, en el candil ultramarino
de un caracol de nácar que consume
celestes óleos de fulgor mojado. Brincan delfines por las glaucas dunas
y desaferran, crueles, los faroles,
las rocas, las sardinas, las guitarras,
y el deslumbrante toro del vacío. Cómo nos duele el aire en la pregunta
que la garganta esconde y desafina,
con tormentosos hielos encendidos
y pescados de colas en salmuera.
y tritones con remos como lirios
hunden también su voz en las arenas
buscando estrellamares y memorias. Ni aún los marineros son iguales
en esta sobremesa sin claveles,
que resucita rostros flotadores
y barcarolas de rubí dormido. Un lucero de plata, fiel grumete,
de su neptuno mirador divisa,
cristalino tropeles de hipocampos
abordando a estribor el fondeadero.
leños entre las jarcias, desprendidos,
y el roce de los náufragos tan suave
como el célico anís de la memoria. ¡Cuántas manos ardiendo en los cantiles
con pulseras de azufre y hielo! ¡Oh cuántos
torsos con el ardor ya moribundo
sobre las deshojadas madreperlas!
en sótanos de espumas carceleras,
como una mariposa de relámpagos
fría entre ramblas de coral dormido. Te miro y me pregunto donde viene
esta raíz que de la tierra sube,
y el marfil que acalora tu figura
con volanderos pájaros marinos. Espanto de sentirte por la sangre,
huéspeda tutelar en las moradas
remotas que los ojos adivinan
con celestiales órbitas isleñas. En esta soledad, aunque distante
de los iluminados farallones,
el fuego que nos une nos separa
con sus gélidos yodos de berilo. X Bajo un cielo de azules golondrinas
la sombra asciende con sus pies de escamas
y transfigura el monte, centinela,
rondando entre portales de rocío. Ciudad de callejones inclinados:
púdica flor de marineros pétalos.
El pulso de la rada, detenido,
con el aire sin luz no se conforma. Duerme la madreselva y en los parques
el niño del briol muere de frío
con una vela roja entre las manos,
ajada flor de plumas salineras. Por la rampa del sur la lluvia llora
en los fustes del templo, sostenida.
El dulce mar Pacífico la escucha
sin mover una sola verde ceja. Alza la frente Dios y sus argollas
de luceros amargos palidecen
los últimos escollos navegantes
y el surtidor de estelas enfadadas. Distante, una canción, rompe las hojas
del árbol de la noche, ventolina,
y tres mangos de sombra, tres doncellas,
en lecho de espolines se desmayan.