Panamá Oeste. El hurto de ganado en los distritos de Capira y La Chorrera se ha intensificado en los últimos meses, aun cuando la Policía Técnica Judicial (PTJ) ha logrado la captura de 10 personas involucradas en este ilícito.
Gerardino Ortega, dedicado a la cría de ganado de leche, aseguró que en el corregimiento de Mendoza y la comunidad de Cerro Cama se ha “desatado un cuatrerismo tremendo”, siendo pocos los ganaderos a quienes no les han hurtado reses.
Aseguró que en ese sector opera una “gavilla grande”, dedicada al robo de ganado, la cual ya ha hurtado más de 20 vacas lecheras de su hato y en menor número a fincas vecinas.
Según Ortega, se tienen pistas de quienes pueden ser los cuatreros. Según las estadísticas de la Policía Técnica Judicial de La Chorrera, en lo que va del año se han reportado 28 casos de hurto pecuario, lográndose apenas la detención de 10 personas a quienes se les comprobó el ilícito.
La PTJ mantiene como áreas críticas en hurto pecuario, el corregimiento de Cacao, el sector de Cañazas, corregimiento de Caimito, todos ellos en el distrito de Capira.
Otras áreas son el corregimiento de Los Díaz, Mendoza, Zangünga, Cerro Negro, Santa Rita y las comunidades de El Lirio y Río Congo en el distrito de La Chorrera.
Ortega asegura que hace falta mayor vigilancia en toda la región por lo que se deben establecer garitas de vigilancia para evitar el paso de ganado hacía Panamá, Capira o el interior del país.
Al valorar el ganado de leche hurtado, Ortega afirmó que cada animal podría costar 400 dólares, mientras que su precio de cría podría ser de 600 dólares.
Aseguró que la recuperación del ganado robado será difícil, considerando que el destino de los animales son mataderos clandestinos o algunos de los mataderos municipales y privados que existen en Panamá Oeste.
Rey Holdings Corporation, es una cadena de empresas que tiene su antecedente inmediato en la tienda de abarrotes que abrió en Colón el inmigrante griego Antonio Tagarópulos en 1908. Una autobiografía elaborada por Gil Blas Tejeira revela que el destino inicial de Tagarópulos era Chile, pero su barco se detuvo en Panamá .
En 1958 su negocio se convierte, en Colón igualmente, en el primer supermercado El Rey, que dura, como se ha señalado antes, hasta 1989. Actualmente, con más de mil accionistas, y la mayoría de las acciones en manos de sus descendientes, Rey Holdings Corporation está dirigida por Nicolás Psychoyos, presidente y Gerente General; Igor Kanelópulos, vicepresidente del área comercial y Kristo Kitras, Gerente de Tagarópulos de ventas al por mayor. Los tres son nietos de Antonio Tagarópulos.
Su resurgimiento en 1990 implicó considerar las nuevas reglas del mercado, que para esos años trajo a Panamá empresas internacionales con alto grado competitivo.
En una reciente entrevista concedida a la revista Estrategia & Negocios, Nicolás Psychoyos reveló que esa incursión internacional “nos obligó a tener una mejor oferta de precios”. Incluida el área de farmacia esos establecimientos ofrecen 45 mil productos diferentes, y un 30% están en la venta de productos frescos.
“La estrategia principal está en dar una gran servicio. La tarjeta de lealtad nos hace conocer al cliente para ofrecerle productos nuevos que lo atraigan”, ha dicho Psychoyos, quien no deja de lado la competencia internacional que se presenta y ante lo cual no descarta una eventual fusión, en coherencia con la tradición panameña de que “es mejor un buen acuerdo que una mala pelea”
“El que no busque un acuerdo estratégico con algún jugador con presencia mundial vive en otra época.
Nosotros estamos abiertos y lo que más nos interesa de una cadena estadounidense es su conocimiento del negocio”. Es un área en la que Rey Holding Corporation ya tiene experiencia, puesto que hace cierto tiempo trabaja con un grupo norteamericano de Missouri que le permite mejores condiciones a la ahora de hacer sus compras.
Hoy esta empresa cuenta con unos tres mil empleados, cotiza en la bolsa, tiene ingresos anuales por 205 millones de dólares, y utilidades por cuatro millones en el mismo período.
Es la sustentación del camino recorrido desde la tienda de abarrotes de Antonio Tagarópulos en Colón en 1908 hasta nuestros días, un logro del que, seguramente, el viejo inmigrante griego se sentiría totalmente satisfecho.