Corrían los primeros años de la década de los setentas y yo matriculado en Principios de Economía 101, el primer curso universitario de Economía. Recuerdo aún mi primera participación en una manifestación estudiantil donde el grupo de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales marchaba con pancartas y gritando a viva voz: ¡A.I.D no! ¡A.I.D no!, mientras nuestras gargantas se quedaban afónicas de tanto alarido.
Las cosas de la vida. Transcurrió el tiempo, y obtuve mi primer flamante título. Quién pensaría que veinte años después trabajaría como funcionario de una agencia de Estados Unidos: La AID. Es interesante analizar la forma en que nosotros, seres humanos, pero por sobre todo hombres-económicos, cambiamos nuestro pensamiento a través del tiempo.
Las experiencias, las vivencias y más que nada la forma de enfrentar la vida, nos muestran qué cosas pueden ser buenas y qué cosas son malas, o no tendrán aquel efecto provechoso que de verdad se espera.
Así me ocurrió, y espero que para bien le ocurra a aquellos políticos, trabajadores y habitantes de esta tierra panameña con vocación de comercio y de libre mercado desde sus inicios.
Seguir clamando sobre la desigualdad del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos será como seguir gritando a la tarde cuando amenaza imparable la lluvia. Lloverá, y todos nos mojaremos.
Unos más, otros menos; pero la lluvia pasará, las calles se secarán y podremos caminar sin temor a resbalarnos por las aceras.
El TLC y su firma forma parte de los sistemas económicos y sus variantes, los cuales surgen por la necesidad de los pueblos de comerciar y continuar realizando transacciones para mejorar sus economías. Panamá no es la excepción. Su situación geográfica es su mejor ventaja comparativa y competitiva. Las inversiones vendrán y con ellas el mejoramiento de las condiciones económicas de todos.
Mucho de la gritería política, y la de otros sectores, en contra del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Panamá, no es más que un nadar contra la corriente del comercio global. Panamá no puede escapar a su vocación internacional como hemos dicho.
Continuar tratando de despertar odios contra, o en contra del sistema, es un esfuerzo inútil.
No puede verse el Tratado en términos de lo que producirá hoy, sino en el futuro. Panamá necesita crecer y no será gritando ¡TLC no.. TLC no!
Panamá no solo necesita progreso y crecimiento, sino desarrollo en todos sus aspectos. Vaya entonces amigos nuestros, la reflexión. Que tengan un feliz domingo.
El autor es doctor en economía, consultor de negocios y profesor universitario.