Europa, cuya economía empieza a dar señales de recuperación, ha lanzado un debate en torno de la extensión de la semana de trabajo que en Francia es de 35 horas para apoyar el crecimiento, ante la creciente competitividad de los países esteeuropeos que recién ingresaron a la Unión Europea (UE).
El debate -retomado esta semana por el liderazgo político y sindical de varios países europeos- ha sido reactivado en los últimos meses por los jefes de las empresas en la UE, que buscan aumentar su competitividad, mediante la imposición a a sus empleados de un alza del tiempo de trabajo sin compensación salarial.
Como medio de presión, las empresas empuñan la amenaza de deslocalizarse a países de Europa del Este, como Hungría, Eslovaquia y Polonia, que se unieron en mayo a los Quince, y donde los salarios son mucho más bajos que en los países fundadores de la UE, entre ellos Alemania y Francia, los principales motores del crecimiento de la región.
"Las empresas belgas deben hacer frente a una desventaja salarial que va de 8% a 10% respecto a los países vecinos", que sin embargo tienen costos salariales más elevados que en Europa central, explicó recientemente el director general de la Federación de empresas de Bélgica (FEB), Pieter Timmermans.