El propósito de la unión monetaria europea era consolidar y fortalecer la convergencia en la zona de la moneda única pero lo opuesto ha ocurrido y el gran problema ahora es Alemania.
La mayor economía de la zona euro, que representa la tercera parte de la producción de la región, ha estado estancada en los últimos dos años, con lo que ha roto las reglas presupuestarias de la Unión Europea, que ellos mismos redactaron, y ha ensombrecido el panorama para todo el bloque de 12 naciones.
El presidente del Bundesbank, Ernst Welteke, dijo la semana pasada que esta divergencia era el aspecto más decepcionante de la unión monetaria hasta ahora y resaltó la urgente necesidad de una reforma laboral.
"La sorpresa para los Weltekes de este mundo es justo qué tan grandes son las diferencias entre Alemania y el resto", dijo Tony Dolphin, economista de Henderson Global Investors.
"El peligro es que (Alemania) extrae la vitalidad de la economía de la zona euro a través de su debilidad", dijo. El crecimiento alemán es casi nulo mientras que su inflación es casi de un uno por ciento. Otros miembros de la zona euro que tiene tasas más aceleradas de crecimiento tienen precios que suben a tres veces el ritmo de lo que suben en Alemania.
Esta situación hace más difícil para el Banco Central Europeo reducir las tasas de interés y pone de relieve las relaciones laborales consensuadas de Alemania y los generosos pagos de asistencia social.
La tasa de crecimiento real de la zona euro, ajustada a la inflación y sin incluir Alemania, fue casi un uno por ciento año sobre año en el primer semestre del 2002 frente a la falta de crecimiento de Alemania, según cálculos de CDC IXIS Capital Markets en París.
Entre 1995 y 2001, el crecimiento anual de Alemania ha promediado apenas un 1,6 por ciento, casi un punto porcentual por debajo de los demás miembros de la zona euro, mientras que sólo superó una expansión del tres por ciento en el 2000 gracias a un "auge sin precedentes de las exportaciones", dijo la Comisión Europea.