Coiba es el área protegida más importante ubicada en el suroeste de la provincia de Veraguas.
Tiene una extensión de 270,125 hectáreas, de las cuales 53,528 son terrestres y 216,543 área marina.
Comprende las áreas insulares de Coiba, Ranchería, Jicarón, Jicarita, Afuerita, Canal de Afuera, Uvas, Contreras, Pájaros y Brincanco, así como sus aguas marinas y plataforma continental.
La isla de Coiba ofrece la oportunidad de practicar la pesca deportiva y el buceo, con cristalinas playas como: Playa Blanca y Damas.
Hay abundancia de agua dulce aprovechable eventualmente para producir alrededor de 1,000 kw de energía eléctrica.
Además existe gran diversidad botánica y se conserva el 80% de la cubierta boscosa, con grandes extensiones de bosques primarios de gran interés científico e interpretativo.
Cuenta con variedad en el litoral, con archipiélagos llenos de vegetación con numerosas y pequeñas playas y desembocaduras de ríos y manglares.
Sus claras aguas permiten contemplar grandes peces como tiburones, manta rayas, barracudas, tortugas, delfines y ballenas.
No existe prácticamente impactos ambientales de elementos artificiales de construcciones ni infraestructura en toda la isla.
Considera que la integridad es el principal reto, y la dignidad es como una porcelana fina, que cuando se rompe, péguela como quiera, que jamás volverá a ser la misma.
De acuerdo con Camila, las enseñanzas de su padre siempre van acompañadas con historias y ejemplos que ellas pueden entender y relacionarlas con las diversas situaciones.
A su juicio, él es el reflejo de lo que le enseñaron sus padres y en esa medida trata de educar a sus hijas, poniéndoles su vida como ejemplo.
"Mi papá y mi mamá eran la pareja ideal", expresa Camila dirigiendo su mirada a las fotos y recuerdos de los tres que están en diversos cuadros en la oficina y dicen que también están en la casa.
Al preguntarles como asumieron que se quedaron solo los tres, respiran profundo, antes de contestar que no fue fácil. En principio tuvo que buscar ayuda profesional para él y ellas, pero con el tiempo lo han superado juntos y con apoyo de la familia, ante lo cual las niñas afirman con un movimiento de cabeza.
El padre explica que al perder a su esposa sus hijas eran muy pequeñas, Camila tenía 4 y Ana Sofía 3 años, pero entendió que lo mejor era decir la verdad, no evadir el hecho; que fueran conscientes de que no hay manera de sustituirla, ante lo cual interviene Camila, "no es como un perro que se muere y se puede comprar otro, una mamá no se puede comprar en ningún lugar" - y lo han logrado, ellas hablan con naturalidad de su madre y les encanta enseñar sus fotos -.
Ellas son conscientes de que fue una decisión de Dios y que mami las cuida desde el cielo.
Aunque Ana Sofía se levanta de su asiento y dice con autoridad que "existe una solución: una madrastra", pero enseguida se retracta, diciendo que ni loca. y su papá dice no, no, muy seguro y que no cabe esa posibilidad, porque hay cosas en la vida irremplazables.
Ser un padre solo a cargo de sus hijas no es una demostración de nada, sino simplemente aceptar el compromiso adquirido y hacerlo de la mejor forma posible.