Economía

Demografía, crecimiento económico y migraciones

Las tasas de fertilidad caen, y crece la población joven en el mundo laboral.


LAS AMÉRICAS fueron grandes receptoras de migración, principalmente de origen europeo, hasta la primera mitad del Siglo XX.
Esto cambió en la segunda mitad de ese siglo, cuando los flujos de migración neta de América Latina comenzaron a ser cada vez más negativos. ¿Qué pasó para que esta región receptora de inmigrantes se haya convertido en una expulsora de trabajadores a Estados Unidos y Europa?
La demografía es un factor: a mediados del Siglo XX América del Sur vivía una fuerte "explosión demográfica", como resultado de la caída en la mortalidad infantil y la persistencia de un alto número de alumbramientos por mujer. Ello se tradujo en un rápido aumento de los jóvenes en edad de trabajar en los años 60 y 70, cuando aumentaban a un ritmo promedio de 4% anual. Entre otras cosas, esto influyó en la migración masiva de jóvenes campesinos a las ciudades.
La economía es otro factor: También en esta época se produce la crisis del modelo de Sustitución de Importaciones. El crecimiento pasó de tasas superiores al 4% anual a prácticamente 0, luego vinieron las explosiones inflacionarias todo lo cual culminó con la crisis de la deuda. Las economías de América Latina se estancaron, invirtieron menos y crearon muy pocos empleos productivos.
En los 60 y 70 surgieron las "favelas", "pueblos jóvenes" y "poblaciones callampa" que han marcado a las grandes ciudades de la región. También cundió la "informalidad". No es coincidencia que los 70s y 80s hayan sido tan turbulentos en la región, con fuerte agitación social y proliferación de las dictaduras militares.
Es en esta época cuando surgen los flujos migratorios masivos, principalmente a Estados Unidos. En la década de los 70 América Latina "exportó" 1, 4 millones de trabajadores, casi el doble que en la década previa, y luego las cifras siguieron aumentando, llegando a cerca de 3, 5 millones de migrantes netos en los 90. La migración ha sido la respuesta de las generaciones frustradas porque sus países no invierten lo requerido para ofrecer suficientes fuentes de trabajo.
Las remesas son un pobre paliativo de los ingresos que podrían generar esos trabajadores si los países hubiesen acometido a tiempo las reformas económicas que habrían permitido ocuparlos productivamente, aprovechando las oportunidades que ofrece el comercio internacional y la globalización de las inversiones. La incapacidad para ganar competitividad oportunamente terminó traduciéndose en la exportación, mucho más dolorosa, de personas, en vez de bienes y servicios.
La buena noticia es que un grupo de países en América Latina ha construido bases más sólidas para crecer y progresar, como es el caso de Colombia y Perú, por ejemplo, que en los últimos años se unen a Chile -país que ya lleva más de 20 años de crecimiento superior al de la región. Este último país no sólo no sufre migraciones significativas, sino que ha sido capaz de absorber más de un cuarto de millón de trabajadores provenientes de países vecinos.
Mirando hacia delante podemos esperar tiempos mejores. Las tasas de fertilidad han caído, y la población joven que se incorpora al mundo laboral crece al 0, 7% anual en promedio, en vez del 4% de hace unas décadas.
Mayor inversión y crecimiento, unidos a un aumento más pausado de la población en edad de trabajar, van a reducir la emigración desde América Latina. Una buena noticia para la región y no tanto para España, Estados Unidos y otros países receptores.
Mayor inversión y crecimiento, unidos a un aumento más pausado de la población en edad de trabajar, van a reducir la emigración desde América Latina.
Joaquín Vial. Economista Jefe Unidad de Tendencias Globales Servicio de Estudios BBVA


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275101
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América