El manejo de este asunto caliente por parte del Gobierno que preside Jean-Marc Ayrault, con mensajes opuestos en relación con la eventual nacionalización de la planta que pusieron de evidencia la divergencia de criterios dentro del Ejecutivo, contribuyó a la caída de la popularidad de los nuevos responsables de la mayoría socialista en el poder.
Un último sondeo sobre la confianza de los franceses en la gestión del Gobierno, el realizado por el instituto Ifop que se publicará mañana en “Ouest France”, ya adelantó que aquella disminuye.
Son sobre todo los ámbitos de la protección del medioambiente, la integración de los inmigrantes, la defensa del poder adquisitivo y los impuestos los terrenos en los que el Gobierno experimenta una bajada de la confianza de la ciudadanía.