Sin embargo, todos los sectores coinciden en que este TLC con EU, debe ser tratado con suma cautela.
Así lo considera el sector avícola, quienes en reiteradas ocasiones han manifestado que urge la necesidad de que antes de negociar se tomen en cuenta los elementos económicos y sociales que hacen que este sector sea sensible en esta negociación, porque de lo contrario, sólo se provocarían cuantiosos daños a la producción avícola panameña.
Sólo la industria avícola, en 6 años ha generado un valor agregado que se ha incrementado de 56.6 millones a 88.1 millón de dólares, constatando una participación en el Producto Interno Bruto (PIB) Pecuario de un 37.9% a un 46.6% y de un 14.3% aun 21.9% con relación al PIB Agrícola Ganadero.
Augusto Valderrama, secretario ejecutivo de la Asociación Nacional de Avicultores (ANAVIP) indicó que la avicultura panameña no es sensible porque así el sector lo pregone.
"Está sustentado, que la avicultura es sensible ante la apertura comercial debido a las asimetrías existentes entre la producción nacional y la de EU, por las distorsiones en el mercado de pollo, y debido a las barreras sanitarias que este país utiliza para restringir las importaciones" recalcó Valderrama.
"No nos oponemos al Tratado, pero consideramos que este debe ser bien negociado, considerándose la preservación del patrimonio nacional que es el sector agropecuario" recalcó. La principal desventaja que enfrenta el sector avícola se sustenta en la distorsión existente en el comercio de la carne de pollo.
Mientras, que en Panamá el muslo encuentro es el preferido, en EU esta es considerada una "parte negra" que se vende a muy bajos costos, comparado a los precios en que se venden las pechugas.
En EU el costo de producción de la carne de pollo oscila alrededor de $0.44 la libra, sin embargo, el precio FOB estadounidense para la exportación del muslo encuentro oscila entre 0.17 y 0.20 centavos la libra, lo que equivale a menos del costo de producción de la carne de pollo.
Esto genera una ventaja artificial para EU, porque puede exportar estas partes al resto del mundo a precios bajos, dado que el precio doméstico de la pechuga es tan alto que cubre los costos de todo el pollo y asegura utilidades.
Por ello es que la distorsión existente se deriva del patrón de consumo de EU y las medidas no arancelarias (restricciones fitosanitarias) que imposibilitan un comercio libre, recíproco y equitativo para estos productos.
"EU está buscando mercado para sus "partes negras", quiere salir de este producto y lo que hacen es "dompearlo" y venderlo por debajo de su precio" indicó Valderrama.
Sin embargo, mientras algunos aluden que lo ideal sería que Panamá se beneficiara realizando exportaciones de pechuga, las barreras no arancelarias los restringen.
"Está demostrado que no podemos exportar pechuga, no porque no seamos eficientes ni competitivos, sino porque los procedimientos de inspección, aprobación y control en materia de salud animal e inocuidad de alimentos no van acordes a las normativas y son utilizados para restringir la entrada al mercado estadounidense".
"No dan oportunidad de que haya una verdadera competencia en el mercado, y se convierte en un comercio de una sola vía" reiteró Valderrama.
Es por esta razón que al negociar este tipo de tratados, los países establecen una tazas arancelarias altísimas, como la única manera de compensar la distorsión de mercado, el bajo precio y las restricciones sanitarias que impone EU en el renglón de las partes oscuras. "No hay un comercio real o leal con EU", sustenta ANAVIP. La experiencia de los países que han firmado acuerdos con EU indican que la apertura del mercado estadounidense es una miopía.
"Ellos aducen ser un país abierto al comercio basándose en que reducen o eliminan sus aranceles de importación, pero la realidad es otra" recalcó Valderrama.
La experiencia de países como México y Costa Rica indican que no son los derechos arancelarios los que limitan o impiden el acceso a EU, ya que la verdadera barrera que utiliza está constituida por un conjunto de procedimientos y normas técnicas, entre las que sobresalen las sanitarias.
"Estas medidas forman parte de una política proteccionista de acceso nulo al mercado doméstico estadounidense, que más bien funcionan como una legítima protección a la salud humana o al bienestar animal" reiteró ANAVIP. Sin embargo, estas barreras sanitarias no contrastan con el historial sanitario aviar de los EU, ya que en su territorio se han diseminado enfermedades de interés económico y cuarentenario, que son restrictivas al comercio, como lo son: la Influenza Aviar y New Castle, enfermedades de las que Panamá es libre.
Por esta razón, es que según los avicultores, carece de sentido que EU exija a Panamá un adecuado estatus sanitario que es inferior.
"Esto demuestra lo injusto que son las medidas sanitarias estadounidenses, dando lugar a la falta de congruencia entre la normativa sanitaria aplicada en el tema avícola y lo establecido en el acuerdo sobre medidas sanitarias y fitosanitarias de la OMC", manifestó ANAVIP.
Este aspecto se constata en el caso de Costa Rica. Durante 14 años después de haber iniciado una campaña en 1991 para certificarse ante EU como país libre de la enfermedad de New Castle para poder exportar productos agrícolas, y a pesar de haberlo logrado aún no ha podido hacerlo.
Según el Código Federal de Regulaciones aplicado por EU de un grupo de 17 países que han sido reconocidos como libres de este tipo de enfermedad solo cinco (Canadá, Francia, Gran Bretaña, Hong Kong, e Israel) han sido registrados como elegibles para exportar hacia EU.
Como parte de la cadena agroindustrial avícola participan, en carácter de suplidores de materias primas e insumos, pequeños, medianos y grandes productores de maíz, sorgo, carneharina, piedra caliza, melaza, harinas no vegetales, pulidora de arroz, pulidora de trigo, sal, sebo y yuca.
Actualmente el consumo per capita en Panamá es de 62 libras anuales de carne de pollo, considerado uno de los más altos en el mundo, el cuarto en América, antecedido por Puerto Rico, EU y República Dominicana. Las inversiones realizadas en infraestructura y tecnología alcanzan 150 millones de dólares, y son dirigidas a la genética cría engorde.