La misteriosa enfermedad del "cerebro" de Apple, Steve Jobs, y su consecuente baja laboral de medio año han hecho temblar a los inversores, a quienes la compañía deberá convencer desde ayer de que sus activos gozan de buena salud.
La alta implicación de Jobs, fundador y consejero delegado de la empresa, en el diseño y desarrollo de exitosos productos como los reproductores iPod o el teléfono iPhone ha generado una imagen de dependencia que ha hecho cuestionarse al mercado si Apple seguirá siendo vanguardista sin su cabeza pensante al frente.
Jobs, que superó un cáncer de páncreas en 2004, anunció ayer que se tomará un descanso hasta final de junio para tratar de reponerse de una enfermedad que no ha trascendido públicamente, pero que le ha hecho perder mucho peso.
La alarma sobre un posible empeoramiento de su condición física había saltado ya tras sus últimas comparecencias en diferentes eventos en 2008, donde mostró una extrema delgadez que dio pie a innumerables rumores.