El presidente argentino Eduardo Duhalde aparece cada vez más atrapado entre la incontrolable inflación, los enérgicos reclamos de aumentos de salarios y cambio de rumbo económico y la convocatoria a un paro general para el 14 de mayo por un poderoso sector gremial.
Cuando a principio de años el Ejecutivo envió al Congreso el Presupuesto 2002, fijó una estimación inflacionaria anual del 15%, en un derroche de optimismo que fue sepultado en el primer cuatrimestre donde el alza del costo de vida rondará el 20%, según estimaciones oficiales.
Sin embargo, semejante tasa de inflación resulta engañosa, según asociaciones de defensa del consumidor, ya que numerosos productos de la canasta básica se encarecieron hasta un cien por ciento en cuatro meses, además de fuertes incrementos en combustibles y medicamentos.
A un semana de haber asumido en el cargo, el ministro de Economía Roberto Lavagna pareció ganar la pulseada con otros sectores del gobierno que ven con buenos ojos que se fijen valores de referencia a una canasta de productos y que se aplique la ley de Abastecimiento que reprime la especulación comercial.
El viernes, el número uno de Hacienda desestimó cualquier sistema de precios referenciales para frenar la inflación, subrayando que "no se aplicará la ley de Abastecimiento y habrá un libre funcionamiento del mercado", lo que le valió un titular en grandes caracteres este sábado en el diario Clarín: "Ganó Lavagna: no hay control de precios".
Duhalde atrapado entre la creciente inflación
La libertad en los precios es una de las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) para reanundar la asistencia financiera.