A inicios de los años noventas, aparecen varias obras sobre el tema Time Based Management, al que no le conozco una expresión española de aceptación general, de modo que la llamaré por su nombre original cuya traducción literal sería "Gerencia basada en la duración de los procesos".
Aunque no se quien es el descubridor de este enfoque, tomé conocimiento de su existencia a través de un artículo del gran maestro Peter Drucker en la HARVARD BUSINESS REVIEW en 1990.
El argumento de su importancia me resultó impactante: del total de las erogaciones que hacen mensualmente tanto las empresas manufactureras como las de servicios, alrededor del 90% son constantes mes a mes, en forma independiente de los productos que hayan elaborado en cada uno.
Este descubrimiento vuelve obsoleta la antigua clasificación de gastos directos e indirectos, porque indica que gran parte de los que se clasifican como directos, cuya definición es que dejan de existir si se detiene la elaboración del producto correspondiente, pierde su validez porque las remuneraciones del personal de producción se siguen pagando mensualmente en forma independiente de si están asignadas a la elaboración de ese producto, de cualquier otro, o si no están haciendo ninguna labor útil. Lo mismo sucede con las remuneraciones de la dirección, los gastos de administración y generales, los de amortización de instalaciones y de equipos y otros.
Respecto de los costos de los insumos, es fácil ver que son los mismos para productos que pasan los controles de calidad que para los que no los pasan, así como las diferencias entre los costos de los insumos para los distintos productos, en general, representan un porcentaje muy bajo del total de de las erogaciones de las empresas.
En otras palabras, el descubrimiento importante es que las empresas tienen como costo fijo un 90% del promedio anual de sus erogaciones totales, lo que se puede expresar como un costo diario que debe ser absorbido por los procesos productivos que están en marcha en cada período (ya que no sería real asignarlos ni a procesos terminados ni a los no iniciados).
De aquí que el verdadero costo de producción de cualquier producto debe determinarse distribuyendo el 90% del valor diario de todas las erogaciones de la empresa, como una alícuota de ese total a cada uno de los procesos en marcha en cada día. Naturalmente a ese valor hay que agregar cada uno los costos específicamente directos de ese proceso.
De aquí que el mayor costo de producción de cada producto que se elabora, va a ser el número de alícuotas diarias que le correspondar absorber, es decir, va a depender de su duración. Así, si un proceso programado para ejecutarse en 30 días, se atrasa 3, el 90% de su costo habrá aumentado en 10%.
Este descubrimiento pone en evidencia cuanto afecta a los costos de producción la demora en la toma de decisiones y también los procesos de control de calidad y de cantidad para pasar de una etapa del proceso a la siguiente.