SI UNO PRACTICA un deporte el suficiente tiempo, tarde o temprano se halla en un juego en que todo le sale mal. En tal situación, uno llega a sentir que va perder pase lo que pase.
Los republicanos parecieran estar viviendo esa pesadilla ahora que nos acercamos a las elecciones de noviembre al Congreso estadounidense. Casi todo les ha salido mal, hasta lo que uno menos pensaría.
Las noticias sobre Irak son una fuente constante de negatividad. Escándalos como el que rodea a Mark Foley y el manejo de la situación de ese ex congresista por el líder de la Cámara Baja, Dennis Hastert, están llegando en el momento justo para maximizar su efecto político negativo.
Ahora que las malas noticias están acumulándose, lo único con lo que los republicanos podían contar era la fortaleza de la economía. No obstante, la semana pasada se volvió evidente que también la economía podría estarse volteando en contra de ellos.
El informe sobre empleo mostró que Estados Unidos sólo creó 51 mil puestos de trabajo en septiembre. Ciertamente esto no es señal de que la economía vaya rumbo a un aterrizaje duro que terminará en recesión. Más bien concuerda con la opinión de que estamos teniendo un aterrizaje suave, con el crecimiento lo suficientemente bajo para moderar las presiones inflacionarias, pero no tan bajo como para que se presente una recesión. Así que el número es una buena noticia, y tranquiliza a los que se preguntaban si la Reserva Federal dejó de subir las tasas de interés en el momento correcto.
Mark Zandi, de Moody"s Economy.com, lo llamó un "número perfecto".
Ahora bien, un aterrizaje suave de la economía puede ser un aterrizaje duro para los republicanos. No hay duda de que la gente examina su situación económica personal de cara a las elecciones, y que decidirán su voto basándose en cómo sienten que marcha la economía. Si las estadísticas salen mal, los electores votarán por un cambio.
El estudio más renombrado sobre este asunto fue hecho por el economista Ray Fair, profesor de la Universidad de Yale cuyos análisis sobre las elecciones presidenciales se remontan a la del 1916.
Fair concluyó que un modelo estadístico que utiliza datos económicos para pronosticar los resultados ha previsto acertadamente el desenlace de cada elección exceptuando la victoria de Bill Clinton en 1992.
El modelo de Fair también tuvo un margen de error relativamente alto en las elecciones del 2004, aunque predijo correctamente que George W. Bush ganaría.
Su modelo se basa en gran medida en la inflación y el producto interno bruto. Cuando estos dos factores están bien, los partidos en el poder tienden a ganar.
Es probable que el mismo análisis se extienda a las elecciones para el congreso.
Una economía fuerte ayuda a los partidos en el poder, debido a que es señal de éxito de la política fiscal.
Y aunque la política fiscal de Bush sí parece estar teniendo éxito, el problema es que los recortes de impuestos no son el único factor que hay que tomar en cuenta. Los intentos de la Fed por desacelerar la actividad económica parecen estar surtiendo efecto en el momento exacto y más relevante para la próxima elección.
El PIB crecerá entre 1 y 2% en el tercer trimestre.
Las expectativas de crecimiento para el tercer trimestre es de 2% o menos.
El calendario de datos indica que la Oficina de Análisis Económicos anunciará el PIB del tercer trimestre el 27 de octubre, justo antes de que los estadounidenses vayan a las urnas.
Economía afectará a políticos
Durante el segundo semestre el ritmo de crecimiento fue de 2, 6%, y esperan que aumente a 1%.