La deuda pública ha sido satanizada a lo largo de las últimas décadas por el mal uso que de ella hicieron numerosos gobiernos, especialmente en el Tercer Mundo, por los escándalos de corrupción que han desangrado a los países receptores y las condiciones onerosas que los organismos acreedores establecieron para su repago, convirtiéndose en un problema más que en una solución.
No obstante, si se usa con probidad y transparencia, puede ser un valioso instrumento de desarrollo para los pueblos y es lo que se espera suceda en Panamá en el próximo quinquenio, al anunciarse que el plan de inversiones supera al actual nivel de la deuda pública, de $12,000 millones de dólares, lo cual impone una suprema responsabilidad al Ministerio de Economía y Finanzas como rector del sector.
Enhorabuena que el país emprenda una nueva era de modernización, pero es supremamente importante que esto incluya recuperar todas las instalaciones educativas públicas del país para poder dotar de oportunidades equitativas a toda nuestra juventud de superarse y ser competitivos a la par de los educandos del sector privado, el país se lo merece si quiere ser viable en las próximas décadas, cuando la globalización será realmente tan amplia que la movilidad laboral será cosa de todos los días y entre todos los países.
La política económica manejada al centavo será una sana práctica que le dará certeza al ciudadano que el uso de los recursos que generan sus impuestos se destinará a lo realmente importante, el desarrollo nacional y honrar los compromisos.