JIM QUIGLEY, uno de los vicepresidentes de Merrill Lynch & Co., compartió escenario con Michael Howard en Londres el pasado 15 de junio. Quigley, de Nueva York, le dijo al líder del Partido Conservador británico que si pudiera participar en las elecciones británicas "intentaría votar por usted dos veces".
Luego se dirigió a la audiencia de la conferencia sobre bonos y dio un discurso sobre "Integridad y Finanzas".
El dinero y la ética no se entienden muy bien. Todos los días hay un nuevo titular sobre un abuso corporativo; nuevos detalles de los delitos de Enron Corp., WorldCom Inc. entre otros, así como nuevos delitos financieros.
Muchos salen de la oficina del Fiscal General de Nueva York Eliot Spitzer. Muchos, según parece, arrastran aún más el nombre de Citigroup Inc. por el barro. Todo muestra que la integridad y las finanzas tienen una relación parecida a los adolescentes y el whisky.
Dicho esto, debe hacerse una distinción entre el imperativo capitalista que busca y explota oportunidades para obtener beneficios, y aquellas situaciones donde un banquero o responsable de finanzas que elige entre el bien y el mal opta por este último, por muy difícil que sea discernir cuál es cuál.
La semana pasada, Bank of America Corp. despidió a dos de sus directivos por intentar ganar negocios de adquisiciones. Eric Corrigan y Thomas Chen estaban entrevistando a un candidato para un puesto.
Thomas Heath trabajaba en JPMorgan Chase & Co. Heath les dijo que JPMorgan estaba trabajando para Hibernia Corp., el mayor banco de Luisiana, en el plan de adquisición por parte de Capital One Financial Corp. de $5,300 millones.
Heath no debería haber traicionado la confianza de su cliente o de su empresa en aquel entonces. Sin embargo, una vez que lo hizo, Corrigan y Chen hicieron lo que cualquier ejecutivo de banca de inversión merecedor del título habría hecho, salieron en busca de un pedazo del pastel de la mayor adquisición en el mercado de banca de Estados Unidos en lo que va de año.
Citigroup, cuyas dificultades obligaron al responsable del grupo, Charles Prince, a la tan inusual costumbre entre los estadounidense de pedir disculpas en una rueda de prensa en Tokio, ha recibido por una vez buenas noticias esta semana.
Los fiscales de Fráncfort han puesto fin a la investigación de seis operadores que obtuvieron unos beneficios de US$17.5 millones el 2 de agosto al comprar contratos de futuros y vender después bonos del Gobierno a unos US$16.000 millones en un par de minutos.
Los fiscales tendrían que haber probado que los operadores tenían la intención de engañar; desde entonces la ley relevante ha sido enmendada para incluir el falseamiento de los niveles de precio y envío de señales erróneas al mercado.
"Seguimos creyendo que fue manipulación del mercado, pero poco podemos hacer ahora", dijo Sabine Reimer, portavoz de la agencia reguladora alemana de servicios financieros BaFin, el 21 de marzo.
Aunque ya no hay el riesgo de una sentencia de prisión para los operadores, la misma Citigroup podría ser castigada cuando las autoridades del Reino Unido, Italia y Francia acaben sus propias investigaciones.
Entre las posibles sanciones se incluyen multas, o la prohibición de negociar deuda de Gobiernos europeos a través del sistema electrónico.
No parece muy probable que los reguladores vayan a aceptar el argumento de Citigroup de que no violó ninguna norma.
Citigroup está teniendo dificultades para defenderse de los cargos de manipulación de mercado de bonos, porque ya estaba en problemas tras apartar US$5.000 millones para cubrir pagos derivados de su papel en las bancarrotas de Enron y WorldCom y después de que las autoridades japonesas ordenaron el cierre de su negocio de banca privada en Tokio.
En el clima actual de creciente regulación, la línea divisoria entre los verdaderos delitos y las áreas grises que surgen cuando gente lista pone a prueba los límites se está inclinando demasiado hacia el lado equivocado. Como Greenberg dijo, los reguladores están convirtiendo "un pequeño desliz en acusaciones de asesinato".
El dinero y la ética son como los adolescentes y el whisky
Diariamente se dan delitos financieros y abusos corporativos por la poca ética de los involucrados.