Economía

El Euro se muestra cada vez más fuerte frente al dólar


Probablemente el dólar no recobrará su fuerza ante el euro por algún tiempo, lo que tendrá consecuencias agudas en la relación transatlántica de Europa y Estados Unidos. De acuerdo con un análisis que realizado por el Financial Times, un dólar americano cuyo valor relativo al euro ha caído en aproximadamente un 40 por ciento desde finales del 2000 y cuya depreciación se ha acelerado agudamente en las recientes semanas, tendrá consecuencias más serias para la relación transatlántica que todas las agudas maniobras diplomáticas, discursos y artículos sobre este asunto.
La primera y más obvia consecuencia es que Europa se verá inundada de exportaciones norteamericanas, mientras que los Estados Unidos verán una ola de turistas europeos. Sin embargo, la caída del dólar hará la vida más difícil para las industrias europeas, mientras que las compañías norteamericanas se harán más competitivas.
El sector privado de los Estados Unidos ya se ha afinado por su rigurosa y profunda reestructuración, en respuesta al estallido de la burbuja del mercado de valores, a una economía lenta, escándalos corporativos y al golpe del terrorismo y la guerra.
Por más de un año, la deteriorada relación política entre los Estados Unidos y Europa, ha suministrado un extenso material de análisis, de predicciones horribles, de amenazas y apelaciones. Entretanto, mientras los políticos, diplomáticos y generales, se preocupan sobre por las causas geopolíticas y por las consecuencias del empeoramiento de la salud de la relación transatlántica, el dólar americano se ha estado resbalando contra del euro.
El dólar recientemente llegó a la mayor baja en cuatro años en su valor versus el euro.
Muchos expertos creen que no recobrará su fuerza por algún tiempo. Y eso apunta a una verdad, que es ser reconocido totalmente en ambos lados del Atlántico: un dólar americano cuyo valor relativo al euro ha caído en aproximadamente un 40% desde finales del 2000 y cuya depreciación se ha acelerado agudamente en las recientes semanas, tendrá consecuencias más serias para la relación transatlántica que todas las agudas maniobras diplomáticas, discursos y artículos sobre este asunto.
La primera y más obvia consecuencia es que Europa se verá inundada de exportaciones norteamericanas, mientras que los Estados Unidos verán una ola de turistas europeos cuyas aprensiones acerca del unilateralismo de George W. Bush serán atenuadas por oportunidades baratas de llevar a los niños a Disney World. Los estadounidenses no van a cambiarse a los vinos de California debido al voto de Francia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos, pero el vino francés se pondrá más caro.
La caída del dólar hará la vida más difícil para las industrias europeas, mientras que las compañías norteamericanas se harán más competitivas. El sector privado de los Estados Unidos ya se ha afinado por su rigurosa y profunda reestructuración, en respuesta al estallido de la burbuja del mercado de valores, a una economía lenta, escándalos corporativos y al golpe del terrorismo y la guerra. En contraste, las rigideces del mercado laboral europeo, las fuertes regulaciones comerciales y las cerradas estructuras que rigen la propiedad de las corporaciones, han reducido la capacidad de muchas de sus compañías a reaccionar rápidamente a los cambios ocurridos en la economía global.
Un dólar más barato será un gran reto para los líderes de las compañías europeas, para los que establecen las políticas para el sector público y para los líderes de los sindicatos. Los gerentes de la zona del euro enfrentarán presiones sin precedentes para reducir costos; los que definen las políticas, deberán salvaguardar y crear empleos y los líderes sindicales deberán proteger los generosos beneficios que han asegurado para sus miembros a lo largo de los años.
Un euro fuerte podría incentivar la creación delas coaliciones necesarias para llevar a cabo las tan esperadas y por mucho tiempo pospuestas reformas estructurales. Sin embargo, la agenda de reformas es tan desalentadora e implica forzar tales reajustes sociales y políticos, que los gobiernos europeos podrían estar tentados más bien a retirarse amparándose bajo subsidios y barreras proteccionistas. Ante la ausencia de reformas, algunas empresas podrían mudar sus instalaciones manufactureras a lugares más baratos y favorables, pero la mayoría de ellas no tendrán otra opción que presionar a sus gobiernos para que otorgue más subsidios y mayor protección. Al aumentar la falta de empleo, las exigencias políticas se intensificarán para defender la pérdida de empleos domésticos contra las importaciones y relocalizaciones industriales y contener el flujo de inmigrantes.
Un dólar debilitado podría también ensombrecer las perspectivas de liberación comercial. La reunión de la Organización Mundial del Comercio de Doha, ya estaba confrontando una ardua batalla, negociando una apertura comercial en medio de un desempleo creciente, y una ola de importaciones puede llegar a hacer que la cuesta sea imposible de escalar.


Tristemente, el reciente realineamiento de las divisas también podría socavar el progreso significativo que los ministros de agricultura europeos han logrado recientemente en sus conversaciones para revisar los subsidios agrícolas de los Estados Unidos. Si Europa se maneja con un euro fortalecido, descansando en medidas proteccionistas, ello levará a disputas comerciales más frecuentes y más ásperas.
Todo esto sugiere una paradoja: que una divisa débil no siempre es un signo de debilidad. En Estados Unidos parecen estar bien habilitados para minimizar las consecuencias negativas de una aguda devaluación de su moneda, a la vez que toman una inmensa ventaja de las oportunidades que ésta crea.
Un importante factor lo constituye la flexibilidad y adaptabilidad de su economía, especialmente la de un sector privado que se encuentra menos frenado por las regulaciones que su contraparte europea, y que debe tratar de satisfacer a sus exigentes accionistas.
Finalmente, el realineamiento de las tasas de cambio, cambiará nuestro modo de pensar con respecto a los asuntos internacionales. Durante los "90, las finanzas se convirtieron en un factor dominante en la política mundial, al punto que algunos expertos argüían que los asuntos tradicionales de seguridad eran cada día menos relevantes. El 11 de Septiembre de 2001 demostró lo absurdo de esta idea, y los generales, los expertos militares y los fuertes políticos internacionales volvieron a estar en la actualidad.
Pronto el foco de atención girará otra vez. El dólar en declinación ayudará a rebalancear no solamente el déficit comercial de los Estados Unidos, sino también la manera como pensamos acerca del mundo.


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120424
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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