El cruce del Atlántico, una obsesión compartida por las compañías de bajo costo en su expansión, se ha convertido en su verdadero "agujero negro", y si no que se lo pregunten a Air Madrid.
Los expertos del sector aéreo consideran que el largo recorrido es inviable para un tipo de compañía especializada en los vuelos punto a punto de corta o media distancia, que permite una rotación suficiente de aviones para hacer rentables sus bajos precios.
Actualmente, salvo la compañía Oasis, que vuela desde Londres a Hong Kong, y algunas aerolíneas que unen diversas ciudades australianas con otras asiáticas, las líneas aéreas de bajo coste o de billetes baratos no quieren saber nada de cruzar el océano que separa Europa de América.
La experiencia vivida por Air Madrid durante sus dos años de existencia con su apuesta de ofertar vuelos a precios baratos a nueve destinos en Latinoamérica, sirve de muestra para lo que no se debe intentar.
Los directivos de Air Madrid se olvidaron de que ya hubo una compañía, la británica Laker, que lo intentó, ofreciendo vuelos entre Londres y varias ciudades de Estados Unidos en los años setenta, y fracasó.
En lugar de hacerse eco del clásico refrán español de "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar", Air Madrid lanzó su campaña agresiva de bajos precios para llenar aviones, sobre todo de emigrantes, que querían volar a su tierra chica.
Así, numerosos ecuatorianos, peruanos, bolivianos, argentinos y panameños han podido visitar a sus familiares y regresar a sus puestos de trabajo a España, pero todo llegó a su fin el mes de diciembre, y muchos de ellos, se habla de hasta 120, 000, se quedaron en tierra.
El gran problema de "cruzar el Atlántico" está en el número de horas mínimo que los aviones deben volar, más de diez, y en la rotación de aviones, porque en el momento en que uno de ellos falle en un aeropuerto latinoamericano, las horas de retraso pueden llegar a ser muchas.
Esto le ocurrió a Air Madrid en varias ocasiones durante el periodo que va de agosto a noviembre del pasado año, acumulando hasta 120 horas de retraso en un vuelo entre Barcelona y Buenos Aires, o 30 horas en otro con destino a Ecuador desde Madrid, y casi siempre con algún retraso menor en todas y cada una de sus salidas.
Querer cubrir nueve países latinoamericanos con tan sólo nueve aviones es una labor que los expertos han calificado de "locura", aunque eso no lo debió pensar el presidente de la aerolínea, José Luis Carrillo, cuando mes a mes iba abriendo nuevas rutas.
Atravesar el Atlántico es algo que hoy en día sólo pueden hacer las grandes líneas aéreas, que pese a su característica esencial de regularidad, ofertan, cada vez más, billetes a precios bajos, igualando en algunos casos, e incluso mejorando, los que ofrecen las de bajo coste.
La Autoridad de Aeronáutica Civil de Panamá que multó a Air Madrid con 15, 000 dólares ordenó a la aerolínea a reembolsar los billetes, impuestos y daños causados a cientos de pasajeros afectados por la suspensión de operaciones en diciembre.
Los 200 pasajeros entre españoles y panameños exigen una indemnización de cerca de $50, 000 para cada uno.
De agosto a noviembre del pasado año en varias ocasiones Air Madrid acumuló hasta 120 horas de retraso en un vuelo entre Barcelona y Buenos Aires.
La aerolínea contaba con dos años de operaciones.
También la británica Laker, que lo intentó, ofreciendo vuelos entre Londres y varias ciudades de Estados Unidos en los años setenta fracasó.
El fallido vuelo de Air Madrid
Analistas indican que su apuesta de ofertar vuelos a precios baratos no funcionó.