El naufragio de la empresa obligó al gobierno de la península a elaborar un proyecto que proteja al sistema de ahorros, mientras el jefe de gobierno, Silvio Berlusconi, intenta calmar a la opinión pública indignada por el fraude.
El proyecto de ley deberá reforzar las normas que defienden al pequeño ahorrista, otorgando mayor poder a Consob, el organismo que vigila la Bolsa italiana, y debilitando el papel del Banco Central, acusado de no haber detectado "anomalías" en la emisión de títulos del grupo lácteo.
Al aparecer tras un mes de vacaciones, Silvio Berlusconi prometió a los ahorristas italianos afectados con las quiebras de Parmalat y Cirio (cerca de 800,000), que Italia "recuperará la confianza".
Al ser interrogado sobre la crisis de Parmalat, ya que no se había pronunciado desde que estalló el escándalo a mediados de diciembre, Berlusconi aseguró que se trató de "una genial maldad", que resultó "una obra de arte en el campo de la estafa".